sábado, 21 de abril de 2018


                       La calma del encinar
                    RISITA DE HIENA

                                                    Tomás Martín Tamayo
                                                    tomasmartintamayo@gmail.com
                                                    Blog Cuentos del Día a Día

Tendido sobre un camastro, la nariz taponada con algodones, un bloque de hielo sobre su cuerpo, para ralentizar la descomposición.  El 15 de abril 1978 murió Saloth Sar, un absoluto desconocido si no se dice que  detrás del nombre se ocultaba Pol Pot, “el gran uno” camboyano que, al mando de los Jemeres Rojos y en solo tres años, aniquiló al 25% de la población. Ahora, veinte años después, se están estudiando en profundidad las consecuencias de su revolución y el genocidio que supuso el  “mundo nuevo” que había ideado para los camboyanos.

 Pol Pot, “risita de hiena”, el líder de los Jemeres Rojos, de inspiración maoísta, implantó en Camboya un régimen de terror que superó incluso las atrocidades de Hitler y Stalin. La sed de aquellos revolucionarios, que pretendían hacer de Camboya una cooperativa agrícola, al margen de todo progreso y civilización, no se saciaba y cuando los fusiles ardían y les quemaban las manos, con el machete continuaban la labor de exterminio sistemático de pueblos enteros. Era más fácil matar que enterrar y los cuerpos se amontonaban en piras de hasta 5.000 personas, que ardían durante días.

Prohibieron los relaciones familiares, la religión, cerraron escuelas y universidades, vaciaron ciudades, impusieron la “procreación obligatoria”, quemaron coches, motos e incluso bicicletas, porque el ideal era el campesinado del XVIII, con carros, mulas y arados de vertedera, tirados por hombres y animales.

 El artífice principal de aquel terror, de aquel horror que la humanidad no supo o no quiso ver ni evitar -durante un periodo protegido por EE.UU-, fue Pol Pot, un ser menudo, fibroso y de mirada esquiva que, ironías del destino, murió de malaria, plácidamente sedado en su cama, después de haber degustado una generosa ración de chivo asado, su plato favorito. Los Jemeres odiaban todo lo que fuera cultura o educación y ejecutaron a muchos presuntos intelectuales a los que identificaban por llevar gafas, tenían títulos universitarios, hablaban idiomas o disponían de libros en sus casas. Curiosamente, Pol Pot usaba gafas, estudió en Francia y era un apasionado lector de novelas negras y del cine de Hollywood.     

“Risita de hiena”, fue un ser tan enigmático y huidizo, que incluso sus hermanos ignoraban  que Pol Pot fuera Saloh Sar. Dicen que su risa producía escalofríos, hacía temblar las piernas y soltaba los esfínteres. Su risita intermitente, seguida de guiños constantes, era en sí misma una sentencia de muerte. Reía pero sus ojos permanecían fijos, fríos e inexpresivos. Jamás miraba de frente, siempre de abajo- arriba, enseñando el colmillo izquierdo, como una hiena que disputa su pitanza. Por eso, con toda simpleza, sus propios soldados lo conocían como “risita de hiena”. Por donde Pol Pot pasaba, dejaba un reguero de muerte, horca o acuchillamiento, todo ello aderezado de sutiles torturas, con las que disfrutaba mientras cenaba: “Se come mejor con gritos de fondo que con música”.


Aquella locura de los Jemeres Rojos apenas duró tres años, tiempo suficiente para dejarnos muestra de la destilada depravación que anida en el alma de algunos seres con apariencia de humanos. Pol Pot murió sin ser juzgado, pero su máxima: “si vives no se gana nada, si mueres no se pierde nada”, escrita con fuego, todavía se conserva en algunos trozos de madera.


Lo incineraron en su colchón, sobre una base de neumáticos y arropado con muebles viejos, pero sin que se pudiera verificar su identidad, por lo que todavía, veinte años después, algunos siguen con pesadillas, oyendo la risita de la hiena.


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sábado, 14 de abril de 2018

COSA NOSTRA



                               La calma del encinar
                               COSA NOSTRA
                              
                                          Tomás Martín Tamayo
                                          tomasmartintamayo@gmail.com
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La nívea Cospedal es fría incluso cuando intenta arengar a la tropa y donde pretende poner un soplo de ilusión, le sale un cierre de filas -“lo que tenemos que hacer es defender lo nuestro y a los nuestros”- que rezuma “cosa nostra” en estado puro. Qué penosa la imagen de “todos a una”, puestos en pie y aplaudiendo la mentira y el enrocamiento en las malas artes de la Cifuentes. Malo es, por inútil, intentar que las heridas cicatricen ignorándolas o por el voluntarismo zafio de untarlas con boñigas entusiastas. En la convención “fuenteovejunesca” del PP, mejor les hubiera ido con un máster de realismo o yéndose de bares por Sevilla.
 
 El cuerpo del PP, con su gente buena, la mayoría, y sus desperdicios, muchos, está  sobrado de costurones mal cerrados y llegará a la cita de  junio de 2020 arrastrándose por su incapacidad para desprenderse de los tejidos muertos. El lastre se hará visible en las elecciones municipales, autonómicas y europeas, en las que muchos, pese a su buena gestión, se verán apartados por un electorado que, a la desesperada, busca alternativas lejos de tanto “marianismo” impasible y besucón, paraguas de todas las irregularidades. ¡Besaruinas!

El PP sufre aluminosis y tiene la demolición anotada, como la caducidad de un yogurt. El Gobierno, átono, sin voz ni capacidad, sigue los pasos de Rajoy, a 7 km/h, superado en línea de meta incluso por unos golpistas que le están ganando el pulso en el ámbito internacional, porque sus embajadas de mentirijilla han sido más eficaces que las nuestras de relumbrón. ¿Inglaterra, Bélgica, Suecia y Alemania se han confabulado contra España? Qué disparate, creer que son los demás y no nosotros los que llevamos el paso cambiado. Si no se nos respeta es porque no merecemos respeto, porque nuestro éxito más visible es ocupar el cajón más alto de la corrupción en Europa y porque se ha hecho patente que carecemos de respuesta incluso para  las algarabías callejeras. Nos pueden los acontecimientos. Todos.

Con semejante inacción e incapacidad, pretendiendo que los problemas se resuelvan por oxidación, no podemos extrañarnos de que desde fuera nos miren con más indiferencia que lástima y que un personajillo como Puigdemont consiga en la amiga Alemania y en el gobierno de nuestra amiga Ángela Merkel, la ministra de Justicia cuestione las razones de una euroorden del Tribunal Supremo y se alinee y aplauda  las de un tribunal regional alemán. ¿Rajoy pretende que los jueces le resuelvan los problemas políticos, el rey de la cara y que en la Unión Europea tiren los penaltis para que él se apunte el gol, mientras sigue de perfil y en plan gato de yeso? ¡Pues va listo el listo!

¿“Defender lo nuestro y a los nuestros”? La omnipresente Cospedal debería aclarar qué es “lo nuestro” y quienes son “los nuestros”, porque dejarlo así es meter en la coctelera del fango a todo el partido. Pero nadie en el PP levanta la voz y todos, como marionetas, se dejan meter  la mano entre los faldones, para levantarse, aplaudir, aceptar y validar cualquier tropelía que haya bendecido con un beso, otro más, el impasible caminante de los 7 km/h., como si la cita electoral no estuviera marcada y los nubarrones no amenazaran tempestades. ¿Y ahora, qué? ¿Dónde está el eco de los aplausos? J. Ruiz Taboada, en “Se te tiene que ocurrir”, dice que “Más que el reloj, algunos deberían poner su siglo en hora”. Pues eso.





sábado, 7 de abril de 2018

GUARDAR LAS FORMAS




                          La calma del encinar
                          GUARDAR LAS FORMAS

                                     Tomás Martín Tamayo
                                        tomasmartintamayo@gmail.com
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No estoy afectado por el virus de la pasión monárquica, tal vez porque muy pronto  vi el penoso peaje a pagar por la fidelidad republicana, que le costó a mi padre cárcel, ruina, penurias y persecución de por vida, pero reconozco que la apropiación impúdica que los radicales de izquierda hacen del concepto republicano me aísla, dejándome en tierra de nadie. Se necesita mucha ignorancia para asociar izquierda radical, antisistema e incluso anarquista con la república, como si en ella no pudieran citarse otros credos menos extremos y apasionados. Y hay que ser muy cenutrios para pretender excluir de un modelo de estado a todos los que no estén escorados en la regleta ideológica.

¿En Francia, Portugal, Grecia, Italia, Alemania…no hay alternancia política de derecha, centro e izquierda, pese a ser países republicanos? La república, como modelo de estado, permanece al margen del ideario de los partidos y en todos esos países ha habido presidentes de la república de izquierda, de centro y de derecha. En ellos se parte de la misma convicción y ninguna tendencia intenta monopolizarla, como si fuera una doctrina exclusiva de castas, pero parece que en España tienen más legitimidad republicana los del PSOE que los del PP, aunque ambos hayan gobernado complacientemente bajo la égida de un rey y ambos hubieran hecho lo propio con un presidente de la república. Pero dejemos tan primaria reflexión para otro momento y centrémonos en las formas, en guardar las formas.

Como mi visión futurista tiene poco recorrido, puedo hablar del tiempo que la monarquía lleva en España, pero no del que le queda, aunque no seré yo el que brinde por su continuidad. Si sigue pues que nos vaya bien y si desaparece que lo que venga detrás no caiga en ciertas manos, para que no tengamos que rezar aquello de “Virgencita, que me quede como estoy”. Sí sé, claro,  que ciertas actitudes no la ayudan mucho y ver a una infanta declarando delante de un juez y a su marido condenado por tropelías de preso común, baja del podio a toda la monarquía, porque roto el huevo es imposible meterlo otra vez en su cáscara.

El rey emérito no abdicó por sentirse incapacitado, por un capricho de senectud  o por refrescar el tronco monárquico. Es aburrido recordar lo que está en la cercana memoria del “populacho”, pero las fotos con paquidermos aniquilados,  y otras compañías, parece que le obligaron a una reflexión acelerada, porque hay balas que rebotan y acaban en balas perdidas  y de destino indeterminado. Bien está lo que bien acaba y justo es reconocer que su heredero se esfuerza en soltar lastres que puedan arrastrarlo. No nos va a hacer monárquicos a los que no lo somos, aunque puede conseguir que nos encojamos de hombros, pero…
 
¿Y  los manotazos entre reinas por quítame allá esa foto con la princesa? Tampoco resultan ejemplarizantes porque deducir es fácil y si en público tienen ese comportamiento, no es difícil imaginar tirones de pelo en el ámbito privado. Hay imágenes, como la del rey emérito y el elefante, que quedan en la retina y el juego de manos entre reinas y princesa.... Ya he oído a monárquicos irredentos que “se comportan así porque son como todos los demás y eso da naturalidad y cercanía”, pero si son como todos los demás, tienen que serlo en todo y no solo en los desplantes. En ellos guardar las formas es el primer mandamiento. O debería serlo.

sábado, 24 de marzo de 2018



                          La calma del encinar
                          EL CANTO DEL UIRAPURÚ

                                        Tomás Martín Tamayo
                                        tomasmartintamayo@gmail.com
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            (Para Ángel Ortiz, con el deseo de que en su nueva etapa escuche el canto del uirapurú)

Hace años que mantengo correspondencia a la vieja usanza con Ubaldo Laino,  un maestro y poeta de Chapecó,  en Brasil. Él se considera “braspañol”,  hijo de española y padre  brasileño, ejerce la docencia en un pueblecito a orillas del Paraná, ese río que habita en mi fantasía desde que oí “Río Manso” a Cholo Aguirre: “Fue una noche correntina/ de aquellas que no se igualan/ estaba la costanera conversando con el agua. /Enero estaba fundiendo/ sobre el río su calor/y junto al perfil querido/puse mi vena de versador…
  Antonio Hernández Gil, en una de las tertulias que se organizaban durante el Segundo Congreso de Escritores Extremeños, dijo algo sobre un extraño pájaro, el uirapurú, que habita en lo más espeso de la selva amazónica, casi imposible de ver y cuyo canto lo había extasiado al oírlo en una grabadora. Yo lo conté en un artículo que publicó ABC y que llegó hasta las manos de Ubaldo Laino. Desde entonces solemos escribirnos porque los dos estamos interesados en todo lo que escapa de lo cotidiano y nos sentimos atraídos por ríos sumergidos, árboles habitados de espíritus, aves misteriosas… Conté a Laino la leyenda de La Dama Blanca del Guadiana y tuve que enviarle fotos del río, del Puente de Palmas, de la cuarta pilastra donde espera la dama…Él me cuenta y yo le cuento.
 Ahora ha estado en España y aunque no hemos podido vernos, me ha hecho llegar una cajita pequeña y sencilla. Mi dirección postal primorosamente caligrafiada en tinta lila, con una letra redondilla perfecta. Dentro de la caja una pluma pequeña, gris, con dos puntos negros, sobre una base de musgo seco que huele a selva mojada y arropada con una nota breve: “Pluma de la cola de un uirapurú sobre musgo del Paraná”. Muchos no lo entenderán y hasta confieso mis dudas al escribir estas sensaciones tan íntimas y personales, pero pocos regalos me han producido una emoción tan intensa.
El uirapurú es un ave pequeña, huidiza y reservada, que vive en lo más frondoso de la selva amazónica. Es tan misteriosa que uirapurú significa “pájaro que no es pájaro”. Solo canta una vez al año, mientras construye su nido, y lo hace con unos trinos tan armoniosos que el resto de las aves guardan silencio para escucharlo. Dicen que el río se detiene y la hojarasca se asienta, para no importunarlo. Su canto apenas dura un minuto y nunca lo repite en el mismo sitio porque sus armónicos “son siempre de despedida”.

 ¡Claro que lo he escuchado! Internet llega también a lo más profundo de la selva amazónica y allí está recogido el canto del uirapurú, que era como Violeta Parra llamaba al poeta brasileño Thiago de Mello. Dicen que escucharlo trae suerte, que desprende los óxidos del alma y que sus plumas, muy codiciadas, son buscadas como fetiches de buenaventura.

 Todo en una cajita pequeña, Ubaldo Laino, me funde  el lecho de musgo oloroso del Paraná y una pluma suelta de uirapurú.  Casi  oigo a Cholo Aguirre y al ave misteriosa haciéndole el coro: “Mira que cabeza loca/ poner tus ojos en mí, / yo que siempre ando de paso/ no podré hacerte feliz/ “olvidame”, te lo ruego, /yo soy como el Paraná/ que sin detener su marcha/ besa la playa y se va…”


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sábado, 17 de marzo de 2018


                  La calma del encinar
                    ¡PERDONEN, PERO NO ME ACUERDO!

                                                     Tomás Martín Tamayo
                                                      tomasmartintamayo@gmail.com
                                                      Blog Cuentos del Día a Día



Hace días, conversando con Julián Leal, un periodista señero de los que hacen creer en la profesión, comentábamos lo inútil que resulta archivar los agravios de por vida porque, de alguna forma, el saber y el recordar sí ocupan lugar y el cerebro, como un disco duro, también se llena. Y si lo ocupamos con pestilencias del pasado, nimiedades y herrumbres, impedimos que se oxigene con el relente de la mañana, dejándolo como un ladrillo. Deberían las universidades organizar “cursos de verano” en los que se dieran pautas para el olvido, para resetear el cerebro y quitar lastres inútiles de la memoria, pero es más fácil programar sobre la nada para cubrir unas jornadas de lustre universitario, tras las que incluso se entregan titulillos que sirven como créditos académicos. Les regalo sugerencias para un curso útil: “Técnicas para olvidar”.

¿Puede alguien ayudarme a borrar de mi memoria la lista de los treinta y tres reyes godos? ¿El “Mustaphá” de Topolino Radio Orquesta? ¿La sonrisa del que me quitó quinientas pesetas, guardadas  durante años, para comprarme una bicicleta? ¿El suspenso que me dieron porque otro había copiado mi examen? ¿El no de aquella chiquilla con la que quise bailar y prefirió seguir sentada, hasta que se acercó un rubiales? Por supuesto que al que quiero olvidar es al rubiales, que además de estudiar arquitectura, tenía una moto Ducati, un reloj Citizen con alarma, una escopeta de balines… ¿Cómo olvido los vaqueros, “Blue Colorado”, sobre los que Jacinta derramó una botella de lejía? ¿Y la bofetada que me dio un tipillo porque no quise dejarle mi silla en un cine de verano? ¿El cinismo de un politicastro que usó una conversación privada para ridiculizarme públicamente? ¿Cómo me señaló la calle el dueño del bar Ramón, de Badajoz, al que habíamos ido para ver el festival de Eurovisión, porque yo no tenía para pagarme la consumición mínima, un “colacao”?

Un amigo entrañable, al que invité días atrás a un almuerzo colectivo, se negó a asistir porque entre los comensales había uno que  “hace 40 años te echó de un jurado de narraciones por discrepancias políticas contigo”. Yo no me acordaba del suceso porque lo que a mí me tortura es la lista de los reyes godos, pero es verdad que aquello pasó y aunque pasó para mí, no pasó para mi amigo Jaime (¡como para no quererlo!), que lo lleva colgado como yo al que se llevó las quinientas pesetas de mi bicicleta. Ojalá fuéramos como el desmemoriado que acudió al médico: “Doctor, vengo porque tengo muy poca memoria/ ¿Y a qué se debe?/ ¿A qué se debe qué?”

Se dice que es necesario recordar la historia para no repetirla, pero creo que es solo una frase para enmarcar, porque la historia se repite como los ciclos geológicos, el parpadeo, el giro de la Tierra, los días de la semana o el respirar. Recordamos pero no aprendemos, por eso a los electricistas les sigue dando calambre.

¿Es mejor la memoria del elefante que la del pez? Aseguran que la memoria del tiburón es de 3 a 5 segundos, lo que no les ha impedido sobrevivir y evolucionar en los últimos trecientos cincuenta millones de años, porque parece que solo olvidan lo intrascendente, que para recordar lo esencial son tan puntillosos que incluso lo anotan en su ADN.

Un día acabaremos olvidándolo todo, aunque puede que yo siga con Ataulfo, Siguerico, Walia, Teodorato…y Don Rodrigo.

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sábado, 10 de marzo de 2018

TRADUCIENDO A RAJOY



                          La calma del encinar
                          TRADUCIENDO A RAJOY
                         
                                            Tomás Martín Tamayo
                                            tomasmartintamayo@gmail.com
                                           Blog Cuentos del Día a Día


Ni el traductor de Google puede lograr semejante proeza, porque Rajoy es más difícil que el zulú o el tagalo y a los académicos de la RAE no los veo debatiendo para ofertar un diccionario coherente con los galimatías del pertinaz. Pero tenemos lo que tenemos y no es posible ignorar a quien, a pesar de todo, de su dislexia argumental, de la corrupción que ladra en sus alrededores, de su torpeza verbal e incumplimientos grotescos, sigue siendo presidente del Gobierno. Hemos pasado de Zapatero a Rajoy, lo que no mata engorda, aleluya. Seamos optimistas, ya solo podemos mejorar.

Incluso los desmemoriados recordamos que  a Carlos III le debemos la Puerta de Alcalá, pero dentro de 250 años ¿qué puerta recordará a Rajoy? Creo que es un personaje que, siendo absolutamente prescindible en la vida pública, se ha hecho imprescindible por una consistencia granítica, que agota incluso a los atletas que lo escoltan en sus caminatas. Acabará siendo un estorbo, una rémora a corto plazo para el Partido Popular,  porque lo va a dejar como Zapatero dejó al PSOE,  pero dotado de una voluntad con la que es  capaz de subir en  canoa y a remos la catarata del Niágara, no habrá torrentera que lo amilane. Monterroso podría escribir que “cuando llegaron los marcianos,  Mariano todavía estaba allí”.

 Ahora ha visitado Extremadura, donde ha degustado buen jamón, buen queso y pitadas de jubilados que le gritaban eso tan doloroso de “¡Rajoy, nos vemos en las urnas!”, y como recuerdo de su paso ha dejado otra de sus celebérrimas frases: “Puedo asegurarles a ustedes que haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda, si es que eso es posible. Y haré todo lo posible, e incluso lo imposible, si también lo imposible es posible”. O sea, Rajoy en estado puro.

Pero además entró en materia ferroviaria y se mojó a su estilo, adquiriendo con los extremeños un compromiso “made in Rajoy”: “Extremadura tendrá pronto las conexiones de primer nivel que se merece” ¡Ahí queda eso! ¿Y eso qué es lo que es? Nada, es una frase tan vacía como la de comprometerse a hacer posible lo imposible. Todo es interpretable porque “pronto” puede ser mañana o dentro de veinte años. “Conexiones de primer nivel” es tan elástico que hasta el resucitado Talgo puede ser la respuesta y en cuanto a lo que “merecemos” pues resulta tan impreciso y vago que puede ir de la sequía al diluvio universal. Si Rajoy es experto en hacer lo contrario de lo que dice, ¿qué podemos esperar cuando no dice nada?

A los jubilados que lo abroncaban desde un cordón de seguridad que no se conocía ni en los peores momentos de ETA, ni un saludo.  Y en los apartados internos de partido volvió a sorprender porque “es como si estuviera flotando” en expresión de uno de los presentes. Eso sí, el ministro De la Serna y el presidente de la Junta se hicieron una foto firmando algo e inauguró “un día histórico” en Elvas, junto al primer ministro portugués, para impulsar la conexión entre Évora y la frontera con España ¡Otra concreción de alto calibre, que ya ocupó titulares de prensa en noviembre de 2003!

Para resumir hagámoslo con claridad y contundencia, al estilo rajoniano: Rajoy ha venido y se ha ido y nadie sabe cómo ha sido, si es que ha venido y se ha ido. O no.



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sábado, 3 de marzo de 2018

VANIDAD DE VANIDADES


                          La calma del encinar
                          VANIDAD DE VANIDADES

                         

                                            Tomás Martín Tamayo
                                            tomasmartintamayo@gmail.com
                                           Blog Cuentos del Día a Día

A Julio César le dedicaron el mes de julio, a Augusto el mes de agosto y siguiendo esa dinámica de peloteo, un grupo destacado de senadores fue a proponerle a Tiberio desplazar nuevamente septiembre -que era por su raíz latina el séptimo mes en el calendario romano-, para sustituirlo por  el de Tiberio. El emperador, que ya había pasado la barrera de los sesenta años, no se dejaba seducir con tonterías y preguntó a la comitiva del Senado: “¿Y qué haremos con el décimo tercer emperador? ¿Lo dejamos sin mes o ponemos al año tantos meses como emperadores haya?” Los senadores no supieron qué argumentar ante tan graníticas interrogantes y le pidieron que al menos, permitiera que lo deificaran con el título de “divino”, que también tenían sus predecesores. Y Tiberio recurrió de nuevo a su habitual retranca: “¿Tres emperadores y los tres divinos? Con el tiempo pueden haber tantos divinos que el mérito  será reconocerlos humanos”.

Si a muchos de los necios que conocemos les propusieran dar su nombre a un mes, ellos mismos pagarían los destrozos en el calendario. ¡Qué afán por perpetuar el nombre propio en  calles,  puentes o puestos de pipas! Si pudieran, algunos reordenarían el firmamento para que las estrellas se alinearan en el cielo con su nombre y, a ser posible, con el excelentísimo delante.

Conocí a un director de prisiones que antes de estrenar zapatos los llevaba al zapatero para que les pusiera complementos metálicos en los tacones y punteras, porque a él le gustaba oírse y no soportaba unas suelas de goma que silenciaran su paso. Y durante el servicio militar, un cabo primero nos exigía a los reclutas que llegábamos, que  memorizáramos  su nombre y sus apellidos. Benigno Soriano Alcalá se llamaba el prenda, que con la carrera que llevaba es posible que se jubilara de sargento. Otro que tal un periodista de Badajoz, que iba a las ruedas de prensa y se pasaba todo el tiempo escribiendo… ¡su nombre y apellidos!

Dale Carnegie, en “Cómo ganar amigos e influir en las personas” dice que para los vanidosos el nombre propio tiene unas resonancias que superan al deleite de cualquier sinfonía y recomienda que cuando se converse con ellos se introduzca muchas veces el nombre o el título.

Si no es por vanidad y egolatría, ¿qué sentido tiene que algunos conserven el “presidente”, como si eso fuera un legado familiar? ¿Cuántos “presidentes” tenemos ya, además de los presidentes, que lo son por razón de su cargo? Puigdemont, que se está descubriendo como un pirado con ínfulas napoleónicas, no solo exige el tratamiento de presidente, sino que además cree que lo sigue siendo y piensa vivir del rollo el resto de su vida, porque el acuerdo al que han llegado es reconocerle algún titulillo para que pueda seguir ordeñando. Y hace pocos días hemos visto a un imputado, ex de la comunidad valenciana,  exigir a un periodista “el tratamiento que me corresponde” “¿Y qué tratamiento debo darle a usted?” “¡Presidente, soy presidente!” Vaya, de por vida, otro tonto “p´a siempre”

Hemos llegado a un punto de estulticia que parece no tener retroceso pero, como razonaba Tiberio, cuando las calles se llenen de ilustres y excelentes, lo distinguido será ser una persona normal. Vanidad de vanidades, seamos comprensivos y tolerantes con los necios que se aferran al boato porque fuera de él no son nada ni nadie.
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sábado, 24 de febrero de 2018

HOMBRE MALO


                      La calma del encinar
                      HOMBRE MALO

                                                                                                                                                                Tomás Martín Tamayo
                                          tomasmartintamayo@gmail.com
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Unamos nuestras voces, gritémoslo para que llegue a los confines de la Tierra: ¡Hombre malo, hombre pupa, hombre caca! Que se enteren los niños y sobre todo las niñas, el hombre es bruto, torpe, sucio, malévolo y bajo su apariencia de persona, esconde, sin excepción, a un ser depravado, de bajos instintos y amoral, cavernícola capaz de violar a sus propios hijos y alimentarse con la sangre virgen de jóvenes inocentes que, por su inexperiencia, siguen creyendo que es una persona buena y  su padre un ser admirable, ejemplar y respetable. ¡Error, como hombre,  no hay padre bueno! El padre es el que secuestra, abandona y maltrata ¡Hombre malo,  hombre calambre! Hay que propagarlo hasta que no quede la más mínima duda de que, por naturaleza, somos tan inferiores que imponemos la superioridad bruta, matando, robando, violando y cortando la cabeza a seres indefensos.

Que no quede ninguna duda, el hombre  ha pervertido el lenguaje para denigrar a la mujer, para someterla, envilecerla y aprovechar su superior inteligencia en beneficio propio. El hombre es un ser lascivo que concentra todos sus sentimientos en la entrepierna y es incapaz de ponerse un zapato sin pensar utilizar el cordón para atar con él a  candorosas jovencitas. ¡Hombre malo, muy malo!

Que sí, que el hombre ha impuesto su ley con la quijada de un burro, a base de mamporros,  para vivir como un parásito, sucio, desgreñado, sudoroso y pestilente, mientras que su esclava, la mujer, limpia y abnegada, se encarga de las tareas más ingratas, pare, cuida de la prole y trabaja para llevarle la pitanza al bicho que la tiene encadenada por su fuerza bruta. La bella y la bestia, sí, pero sin dulcerías musicales, porque se trata de una bestia desalmada, cuyo mejor retrato es el de Saturno devorando a sus hijos. En el hombre todo es podredumbre, no hay excepciones porque su comportamiento es instintivo y obedece al impulso animal que lo domina, porque en la escala zoológica, lejos de la mujer, se ha anclado entre el mono aullador y el búfalo cafre. Y en lugar de progresar va retrocediendo. ¡Ay, qué malo!

¿Qué ha hecho el hombre desde que comenzó a caminar sobre dos patas? ¡Nada, porque el bicharraco solo piensa con la tercera! Está demostrado que el cerebro del  hombre es una amalgama de pitos pequeños, con los que piensa. ¿Algo notable, algún acto heroico, hechos relevantes que lo acrediten como ser humano? ¿Alguno ha trabajado, se ha entregado a su familia, ha dado la vida por sus hijos o por su país? ¿Alguien conoce a un hombre que haya escrito algo más que obscenidades, todas ellas encaminadas a engañar, abusar y maltratar a la pobre mujer que, siendo muy superior en todo, se ve sometida y ninguneada? ¡Hombre calambre!

El hombre que muestra deferencia y cortesía hacia la mujer es porque es un machorro paternalista  irrecuperable, empeñado en mantener unas diferencias grotescas para subrayar su hegemonía de género. ¿Mirar a una mujer? ¿Con qué derecho? Es necesario cortar de raíz a los predadores sexuales que se atreven a detener su mirada  en un escote generoso  o en una falda menguante, que al falo lo carga el diablo y después ya se sabe. ¡Hombre pupa!

La ironía es que algunas, que llevan toda la vida soportando tanta brutalidad, confunden equiparación de derechos con igualdad, quieren parecerse al hombre y luchan para achicar incluso las diferencias físicas. Acabarán orinando de pie, todo un adelanto y evidencia de supremacía.



sábado, 17 de febrero de 2018

ENCUESTAS Y REALIDAD

Encuestas y realidad
Tomás Martín Tamayo
TOMÁS MARTÍN TAMAYO
Hasta ahora, todos los sondeos que se han hecho sobre previsiones electorales se refieren al conjunto de España y eso deja abierto un margen excesivo, porque en las encuestas el conjunto no refleja la inclinación de cada una de las partes. No tenemos, o al menos no se han hecho públicas, prospecciones electorales referidas a Extremadura y extrapolar los datos nacionales a nuestra realidad puede llevarnos a un error de enormes dimensiones, variables según se trate de elecciones europeas, nacionales, autonómicas o municipales. En las elecciones europeas se vota marca y en las nacionales siglas y líder, mientras que en las autonómicas influye el arrastre nacional y, sobre todo, las organizaciones comarcales y locales. Se puede argumentar que Ruiz Mateos logró dos escaños en el Parlamento Europeo sin el sustento de unas siglas, pero ahí entraron circunstancias excepcionales, de rebeldía y frivolidad, por parte de un electorado que premiaba el estrambote en detrimento de lo establecido. Esto también es aplicable a Podemos con su sorpresiva irrupción. 
El innegable impulso de Ciudadanos, tras el éxito de Cataluña, va a obtener réditos en todas las comunidades, provincias y localidades, pero de forma muy desigual porque el factor humano sigue primándose en política y donde no tengan una estructura sólida, la subida será de arrastre y meramente testimonial. Digamos que el agua cae en un cesto incapaz de retenerla. Ignoro el trabajo de campo y proselitismo que pueden estar haciendo los de Cs en Extremadura, pero el tirón de la marca quedará muy limitado si no tiene quien lo rentabilice en los pueblos y la respuesta electoral va a ser muy diferente en la provincia de Cáceres, donde está su estructura principal, que en Badajoz, donde reside su problema de división y sin una organización que aporte un rostro propio.

Siempre se ha dicho que en la provincia de Badajoz el problema era llegar a Tamurejo y en la de Cáceres a Pinofranqueado, refiriéndose a dos localidades escoradas y apartadas a las que se llega después de pasar por muchas otras. Si en Pinofranqueado y Tamurejo se disponía de una estructura local, capaz de poner cara al partido, hacer el reparto de papeletas y supervisar con apoderados e interventores las mesas electorales, se daba por hecho que el entramado era lo suficientemente sólido como para afrontar un reto electoral con un mínimo de garantías.
En las convocatorias electorales simultáneas, como son las autonómicas y municipales, casi siempre hay una correlación entre el voto municipal y el autonómico, con la excepción de aquellos municipios que cuentan con un candidato sólido y valorado, que logra por sí mismo más votos que los que aporta el partido. Hay muchos casos, pero el de Fuente del Maestre es un ejemplo, uno de tantos, en los que el candidato municipal permanece a flote, por encima de las tendencias y avatares de sus propias organizaciones políticas.
¿Vamos a tener en Extremadura un desperezo sustancial de Cs? Yo creo que van a ser determinantes, más por las circunstancias que por su crecimiento. Ya vimos cómo con solo tres diputados, IU se convirtió en árbitro de la política en Extremadura. Si Cs crece a costa del PP, Podemos pierde enteros y el PSOE se mantiene a la baja, su crecimiento será más cualitativo que cuantitativo porque resultará esencial para completar una mayoría que cada día parece más alejada de opciones concretas. A poco más de un año de la cita electoral, Cs está en una buena posición de salida, pero nada más.