sábado, 3 de diciembre de 2016

ERNESTINO CONTRA FIDEL

                         

                         La calma del encinar
                         ERNESTINO CONTRA FIDEL

                                                     Tomás Martín Tamayo
                                                     tomasmartintamayo@gmail.com
                                                     Blog Cuentos del Día a Día

Ernestino Abreu y Fidel Castro eran amigos desde la infancia, tenían la misma edad, compartían las mismas inquietudes y fallecieron con siete meses de diferencia. Los dos coincidieron en la Universidad de la Habana y en ambos anidó la rebeldía por una situación política que había hecho de la isla una propiedad privada y “el mayor prostíbulo de Miami”, bajo la bota de un sátrapa como Fulgencio Batista. Ernestino fue de los primeros en sublevase activamente y  muy pronto capitaneó una de las primeras células de resistencia, en la zona boscosa de Pinar del Río. Allí, con una escopeta de cañones recortados y un cuchillo matancero, fue uno de los pioneros en plantar cara a la guardia del dictador. Meses después se incorporó a la revuelta Fidel Castro que, con su verborrea revolucionaria, unió y dio visibilidad a todos los movimientos guerrilleros. El Ché era la idea, Ernestino el trabajo y Castro la voz.

Ernestino, herido, enfermo y agotado tuvo que retirarse en un par de ocasiones, pero, aun así, fue uno de los históricos que, junto a Castro y el Ché, entraron victoriosos en La Habana, tras la huida de Batista. La luna de miel de Ernestino con Castro fue tan corta como la de Castro y el Ché, pero ambos cogieron derroteros diferentes, el Ché intentando expandir el movimiento revolucionario a toda América latina y Ernestino, asqueado de la burocracia y de los fusilamientos indiscriminados que estaba llevando a cabo Raúl Castro, se sublevó, fundando el MRR (Movimiento Revolucionario de Recuperación), perseguido con saña por los dos hermanos. Ernestino era joven, ingeniero agrónomo, pertenecía a la élite de la revolución y si se hubiera aclimatado a la nueva tiranía lo hubiera tenido todo a su favor en la Cuba que estaba despertando, pero la represión feroz, el asesinato masivo de jóvenes, los fusilamientos sin juicio y las violaciones de las libertades de los nuevos tiranos, disfrazados de libertadores, lo hicieron levantarse de nuevo: “No hemos luchado para quitar a un dictador y poner a otro”.

 Muchos de los que entraron victoriosos en La Habana, cayeron en los dos primeros años por oponerse a un dictador al que habían ayudado a llegar. Ernestino tuvo que asilarse en la embajada de Brasil para escapar de las garras de quienes lo buscaban para llevarlo al paredón de fusilamiento, como hicieron con dos de sus lugartenientes. Consiguió huir y, desde Miami, organizó la resistencia contra los Castro, con el mismo ímpetu que había puesto contra Batista, sufragándola con su propio dinero. ¿Calmó el tiempo su espíritu libertario?

A los setenta y cuatro años logró reclutar para la causa  a Vicente González, de 64, a Miguel, hermano de Vicente, de 63 y a Rolando  Corrales, de 51 y tras un exhaustivo entrenamiento militar, superando  etapas muy duras de supervivencia, el 14 de mayo de 1998, a las once de la noche, en una lancha motora lograron  desembarcar en las costas de Cuba, con el propósito de acabar a tiro limpio con la dictadura de Fidel Castro. El comando, el cuarteto, estaba decidido a morir intentándolo pero fallaron los apoyos interiores, que los delataron… Fueron detenidos y condenados a 15 años de cárcel, lo que suponía el fin para los cuatro aguerridos combatientes, pero a los tres años Ernestino logró huir y hasta  su muerte, hace siete meses, mantuvo encendida la antorcha de la rebelión para liberar a la Cuba de sus sueños… ¡Qué guión para una película!
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sábado, 26 de noviembre de 2016

FEMINISMO Y GANSADAS

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                       La calma del encinar
                       FEMINISMO Y GANSADAS

                                                          Tomás Martín Tamayo
                                                          tomasmartintamayo@gmail.com
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En una tertulia de TVE, integrada exclusivamente por mujeres (¿?), parecían tener muy claro el comportamiento machista de la mayoría de los hombres (¿?).  Como evidencia irrefutable, sacaron una encuesta que  proclamaba que alcanza hasta el 87% (¿?). ¡Vaya, vaya, aquí no hay playa! Recuerdo que durante un debate parlamentario pedí explicaciones sobre unos gastos que me parecían exagerados y la aludida, directora general de la Mujer, me salió con la petenera de que la interpelaba porque era mujer y porque yo era un machista. Hasta sus propios compañeros hicieron gestos que delataban incomodidad, pero con aquella gilipollez de feminismo cegato, la ilustre señora consumió su turno y dio por respondida mi pregunta. ¡Qué cómodo! Si la directora general era tonta “etiqueta negra” o lista “cinco estrellas” es algo que quedó en un interrogante, como los gastos sobre los que pedía información. Para mí que era una listilla con muy poca vergüenza. Confieso que ahora, cada vez que me encuentro con una guerrillera del feminismo ramplón, me pongo en guardia, porque bajo la etiqueta feminista se esconden muchas frustraciones, incapacidades y caras de granito.


 Creo que algo tan serio como las justas reivindicaciones en pro de una igualdad, todavía tan distante, lo están convirtiendo, como aquella penosa directora general de la Mujer, en martingalas recurrentes para escabullirse. El feminismo no puede ser una cueva, como la de Ali Babá, para esconder gastos estrafalarios con el argumento zafio de que el que reclame explicaciones a una mujer es un machista. Y puedo prometer y prometo que he visto a muchos tíos retrocediendo,  acojonados ante estos argumentos. Mila Ortega publicaba en HOY, el pasado jueves, “Hombres guay”, un acertado artículo sobre la carga sexista de conductas sobreprotectoras, identificando el mal gusto con el micromachismo y reclamando al “hombre guay” que se mojara. No es fácil, dado el acojone del personal.

 Después de una charla en un instituto, el claustro me invitó a un aperitivo en la sala de profesores y uno de ellos, posiblemente para abrir brecha, contó un chiste que me hizo gracia por su simpleza, al margen de si se refería a hombres o mujeres. Todos lo celebramos, las profesoras también, claro, pero no faltaron dos “feminatas” que, con mal talante, tildaron de machista al que lo contó y a todos los que festejamos su chascarrillo. ¿Hay que pedir permiso para reír? Lo cuento para que se vea la enjundia, ofensivamente machista, que encerraba: “¿Por qué la estatua de la libertad es mujer? ¡Porque se necesita una cabeza hueca para hacer un mirador!” ¿Eso es sinónimo de machismo? ¿Si te ríes de semejante tontería es porque escondes a un machista en tu corazón? Para aliviar el enfado de las “feminatas”, el mismo profesor, evidentemente cortado, contó otro: “¿Qué es una neurona en la cabeza de un hombre? ¡Una ocupa!” Y las dos guerrilleras aplaudieron entusiasmadas… Como diría José Mota “¡tontas p´a siempre!”.

Estas idioteces, que confunden lo esencial con lo accesorio, no ayudan nada a la igualdad en lo fundamental y mientras las aguerridas “feminatas” lleven la antorcha de la reivindicación femenina, la mujer, en sectores esenciales, seguirá en un segundo plano, resignadas a ver cómo mostrencos muy inferiores, las superan en salarios y puestos de responsabilidad. Me van a caer chuzos, da igual, pero en estas feministas de pacotilla, se esconde un machista sin remedio. Y sin humor.


viernes, 18 de noviembre de 2016

REPARACIÓN HISTÓRICA A MEDIAS

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                    La calma del encinar
                    REPARACIÓN HISTÓRICA A MEDIAS

                                                                Tomás Martín Tamayo
                                                                 tomasmartintamayo@gmail.com
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Michelle Obama no es la primera mujer negra que ha compartido cama con un presidente de los EE.UU, aunque sí ha sido la primera dama oficial reconocida. La belleza de las mujeres negras que trabajaban en la Casa Blanca era tan tentadora para sus inquilinos que Anna, la esposa de Willian Henry Harrison, decidió elegirlas ella misma, descartando a las menores de 40 años. Doña Anna quería evitar los escarceos amorosos de su marido, que llegaba a la presidencia con cinco hijos de una esclava negra y que también tuvieron que soportar las esposas de Martin Van Buren y James Monroe. Parece que Woodrow Wilson, Herbert Hoover y J.F Kennedy también tenían una considerable tendencia a la fusión cromática, pero el caso más destacado es el de Thomas Jefferson que, mientras redactaba su famosa Declaración de Independencia, se aliviaba las urgencias con una bellísima esclava negra.

Elizabeth Hemings, negra de solemnidad, en realidad era mestiza porque era hija del suegro de Jefferson y, por tanto, hermanastra bastarda de su esposa. O sea, que el bueno de Jefferson pasaba del blanco al negro con tanta celeridad que ambas quedaban embarazadas casi simultáneamente, aunque una pariera en la alcoba presidencial y la otra en un cuchitril apartado. Doscientos años después y tras muchas especulaciones, una prueba de sangre confirmó que los seis hijos de Elizabeth tenían el mismo ADN de la familia Jefferson, aunque esto se sabía porque los puñeteros negritos eran iguales a su padre biológico. La caprichosa genética delataba los pecadillos de alcoba del tercer presidente de EE.UU y mientras sus hijos legítimos se parecían a la madre, los que paría la esclava negra llegaban al mundo como clones de Thomas Jefferson.

Los propios descendientes legítimos venían aceptando la evidente paternidad del fogoso presidente, pero no se había oficializado la consanguinidad 
hasta ahora, que se ha demostrado, científicamente, que los Jefferson y los Woodson son la misma familia y por partida doble, ya que comparten genética por parte de abuelo materno y padre. Los mismos genes, aunque unos sean de armiño y otros de carbón. Pelillos a la mar, después de tantos años, un centenar de los descendientes de Thomas Jefferson se han reunido en una de las mansiones que el presidente poseía en Virginia y en la que se dejaba asistir por la esclava y su esposa al mismo tiempo. Los descendientes del presidente, blancos y negros, con la misma sangre paterna y materna, corrieron suertes bien diferentes porque los blancos han gozado, generación tras generación, del privilegio, respeto y fortuna que les deparaba el apellido Jefferson, mientras que los negros, con el Woodson Hemings, fueron por caminos sin asfaltar. Su suerte quedó marcada por el capricho de unos espermatozoides que decidieron anidar, alternativamente, en la esclava y en la esposa. Un azar, insignificante para la naturaleza, que los marcó por generaciones. Mientras que los blancos estaban bien situados económicamente, con estudios y profesiones de prestigio social, los negros pertenecían al sector servicios. En la rama negra el más próspero era propietario de un par de gasolineras. El color sí importa.


 Además del abrazo fraternal, el chin-chin y la bienvenida ¿darán a la saga negra lo que le corresponde? De eso no se ha dicho nada, solo se sabe que, por unas horas, todos fueron iguales, bebieron, comieron y brindaron por el feliz encuentro. Poca chicha para los negros.


sábado, 12 de noviembre de 2016

TAMBIÉN CAYÓ EL IMPERIO ROMANO

                     La calma del encinar
                TAMBIÉN CAYÓ EL IMPERIO ROMANO

                                                    Tomás Martín Tamayo
                                                    tomasmartintamayo@gmail.com
                                                    Blog Cuentos del Día a Día



Al PSOE lo ha debilitado la férrea verticalidad y el cierre de filas impuesto durante los últimos cuarenta años. Aquella “genialidad” tan aplaudida de Alfonso Guerra, “El que se mueva no sale en la foto”, fue un aviso a navegantes, que se esculpió a golpe de cincel en las organizaciones territoriales, en las que el mandamás de turno imponía su criterio. Es posible que en aquellos años iniciales de desconcierto fuera eficaz el “ordeno y mando”, pero el tiempo no pasa en balde y hasta las aceitunas necesitan que le cambien el agua.  Algunos caciques, atrincherados en su megalomanía, siguen con la patochada de que las primarias, o consultar a las bases, no están en la cultura de la socialdemocracia, vamos que es mucho más democrático que uno, arropado por un comité elegido por él, lo decida todo. Franco también pensaba eso.

 Hace unos días Ibarra declaraba sobre la militancia de base: “A las asambleas no van más de 60, no trabajan, no colaboran. ¿Y encima, que decidan las bases? ¡Ya está bien la broma!” Declaración palmaria del desprecio hacia esas bases que, sin prebenda alguna, han sostenido al partido pueblo a pueblo, demostrando una fidelidad digna de mejor valoración…Yo no conozco una militancia más fiel y aguerrida que la que tiene el PSOE, pero la carencia de crítica interna obligó al partido a comulgar con ruedas de molino y a justificar cualquier estupidez. Lo que llegaba de arriba, como lo que llegaba de Roma, forzosamente tenía que ser bendecido por todos. Esa es la fortaleza inicial y la debilidad final de las organizaciones piramidales. ¡También cayó el Imperio Romano!

¿Es que en el PSOE no sabían que seguir a un flautista como Zapatero los llevaba a la ruina? Lo sabían, pero continuaron “prietas las filas”,  dejando que el gran botarate despeñara electoralmente a toda la organización. Y de aquellos lodos… ¡Pero si todavía lo justifican! ¿Tampoco sabían que Rubalcaba carecía de tirón electoral y que por su pasado de “duende maléfico” estaba políticamente amortizado? Si Aznar puso a Rajoy, ZP señaló a Rubalcaba  y todo el PSOE tragó saliva y puso buena cara, intentando vender un imposible que los dejó en ciento diez diputados. Noventa y dos menos de los que llegaron a tener en los tiempos de bonanza felipista y cincuenta y nueve menos de los que había logrado el de “la alianza de civilizaciones”, que ahora va de intermediario y observador internacional. Entre Rubalcaba y Pedro Sánchez, otros veinticinco se quedaron en el camino. Y ya veremos…

Con un bipartidismo que había iniciado su desmoronamiento, el PSOE siguió confiando en sus dioses, o en sus caciques.  Pusieron a Pedro Sánchez, al que empezaron a cuestionar en apenas dos meses, porque lo que querían era un interpuesto para hacer los recados al verdadero poder en la sombra -¿verdadera podera en la sombra?-, pero cuando el recadero decide pensar con su cabeza, lo barren casi con un golpe de mano y dejan al PSOE descabezado, sin cartel electoral, sin rumbo y con la misión de desdecirse para permitir la investidura de Rajoy... La última encuesta del CIS los deja en un penoso 17%, demostrando que el suelo de los socialistas no es tan granítico como pensaban y que puede quedar debajo de las baldosas. ¡Ojalá sepan barrer idiotas e idioteces y vuelva a ser el partido que fue! Es necesario.
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miércoles, 2 de noviembre de 2016

INVENTORES DEL HILO NEGRO

                               La calma del encinar
                       INVENTORES DEL HILO NEGRO

                                                          Tomás Martín Tamayo
                                                          tomasmartintamayo@gmail.com
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Hace días vi a Donald Trump coger en brazos a una niña negra para besarla, demostrando así lo multirracial, tierno y paternal que es. Y el mismo día, a Híllary Clinton le cayó una lluvia de rosas cuando salía al escenario... Muy natural todo, aunque hemos de reconocer lo oportuno que estuvo el niño negro para que Trump pudiera auparlo, en medio de la algarabía de sus seguidores. ¡Hasta la mona Chita lo habría hecho con más naturalidad! ¿Y lo de la señora Clinton? ¿Fue espontaneo que le hicieran una alfombra de rosas? Sí como Trump con la negrita. Lo curioso es que, como los asesores de las campañas políticas no dan puntada sin hilo, seguro que tienen estudiado que estas chorradas pueden influir en el electorado. En EE.UU son únicos para urdir idioteces, pero como son el ombligo del mundo, estas se expanden por todo el orbe. Acabamos de pasar el Halloween.

¿Recuerdan la carga de gestos yanquis de Monago, incluidos los carteles en inglés? Su duende de cabecera, un tal Redondo, lo puso majarón perdido  y un día salía con  “Si ten collons, dímelo a la cara”, retando en catalán, otro con la ocurrencia de querer subastar las zapatillas con las que había hecho la campaña, corriendo por el monte con chándal verde pistacho, de llorón inconsolable, de rojo rojísimo, de independiente con himno, colores y nombre propio… ¿Hacemos Extremadura? ¡Se inventó hasta el Citroen dos caballos! Mala suerte que su autobús, con la leyenda “Lo mejor está llegando”, se quedara atascado en un arco monumental de Zafra. Aquello era un no parar, creían haber descubierto las Américas, hasta que las urnas le pusieron delante un retrato de Colón, que ya lo había hecho 520 años antes. Bueno, como hasta la gripe tiene fecha de caducidad, fuese el asesor chispita y desapareció el bochorno que producía el pichón escondido en su chistera.

Pero no nos aflijamos, Monago volverá porque el gobierno de Vara está más perdido que el avión de Saint-Exupéry. Fernández Vara se ha vuelto  sabio y no escucha ni el viento que le sopla en el cogote. Hizo menos por ganar de lo que está haciendo por perder de nuevo y parece empeñado en devolvernos a Monago. ¿Qué le habremos hecho? Pues nada, que le preparen las zapatillas y el chándal verde pistacho, porque ya mismo está corriendo por el monte. Es lo suyo.

Pero como el adanismo está de moda, aquí cualquier botarate se cree el primero de la especie y surgen los “anticasta” de toda la vida, los que llegaban para renovar el fondo de armario de la política, buscando desesperadamente titulares para sorprender al personal con ocurrencias más viejas que el estornudo. Estos no llegan ni a las chorradas yanquis y se quedan en el manual del 77 y con la revolución de gestos que ya hicieron furor en la II República. Aprovechando el tirón mediático que siempre ofrece el Congreso de los Diputados, una señora le da la teta a su niño, al que exhiben como Donald Trump al la negrita. Otro día dos diputados se besan en la boca y se tocan el culo, se auto aplauden, puño en alto camino del escaño, hacen un gobierno de la señorita Pepis o abandonan el hemiciclo, prietas las filas, porque al patrón no le han concedido un turno por alusiones...Todo muy nuevo. Vamos, que puestos a descubrir están a un paso de inventar el hilo negro.

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viernes, 28 de octubre de 2016

EN MANOS DE RAJOY

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                        La calma del encinar
                        EN MANOS DE RAJOY

                                                       Tomás Martín Tamayo
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España, el PP y esta tarde también el PSOE, estarán en manos de Rajoy porque su quietud tancredista ha demostrado ser más firme y consistente que las zozobras que le rodean y que él sortea abanicándose en una mecedora. Si Rajoy no parpadeara, habría que punzarlo para saber si está vivo pero, aun así, ha demostrado ser el más vivo en esta pasarela de pecios a la deriva. Como no se mueve, el PSOE se ha puesto de los nervios y ha caído en el baile de San Vito, al son de la musiquilla interesada que le han tocado, incluido el solo de cornetín de Felipe González,  desencadenante último de la esquizofrenia colectiva en el hormiguero socialista. El que tuvo retuvo y un estornudo de Felipe es capaz de apagar todas las velas del PSOE. Ni primarias, ni gestoras, ni comités federales porque, aunque el gran reconvertido estornude en la cubierta de un yate, fumándose un Cohíba que puede encender con billetes morados, su palabra es la ley. Es lo que tienen los  padrinos que, sin despeinarse y con un guiño, logran que su caballo gane la carrera. Esta vez ha apostado por Rajoy y el potrillo de Pedro Sánchez apenas salió de los cajones.
 
 Rajoy, el hombre tranquilo y de cero pulsaciones, logrará hoy su investidura, coincidente en el tiempo con los juicios de las corruptelas que, como setas, crecieron a su amparo. Si la sombra del ciprés es alargada, la de Rajoy es ancha, patriarcal y solidaria con el golferío que estos días calienta banquillo en la Audiencia Nacional. Al “sé fuerte, Luis”, debió añadir “que yo no me muevo”. ¡Chapeau! Logró acuñar que las tres opciones posibles eran él, él y él, que los responsables de todo mal eran Pedro Sánchez y el PSOE, que las terceras elecciones serían un drama que ni Shakespeare  hubiera imaginado y que la corrupción de los suyos es cosa de los demás. ¡Y sin moverse, oiga! Ahora, además de la investidura tendrá los cataplines del PSOE en sus manos y si le da por girar la muñeca la asfixia electoral de los socialistas puede ser incluso superior a la del PASOK griego, el SPO austriaco, el SPD alemán…

¿Después de facilitarle la investidura “por la gobernabilidad” le van a hacer una oposición rigurosa para que no pueda gobernar? Algunos están haciendo méritos para el “Club de la Comedia”. Y para comedia la de esta tarde. Si lo atosigan, Rajoy sacará a pasear otra vez el recurso del victimismo, con los medios que tiene volverá a caldear el ambiente a su conveniencia, acudirá nuevamente a los relativistas del PSOE y convocará elecciones anticipadas, en el momento preciso. La legislatura que comienza esta tarde no cumplirá los cuatro añitos.  Si no los asfixia es por pura estrategia y conveniencia, por temor a dejar la alternativa de gobierno y la oposición en mano de Podemos.  Pero el PSOE está en sus manos y si él quiere no llegará ni con respiración asistida, porque los socialistas se han quedado en la gatera una parte importante de su electorado y de sus bases, han perdido credibilidad, se han dividido y  enfrentado, metiéndose en un cenagal del que es muy difícil salir. Rajoy puede ponerlos de rodillas y cara a la pared con un discurso muy corto: ¡Si me jodéis la siesta, convoco elecciones! Alea iacta est.





martes, 18 de octubre de 2016

HUBO UN TIEMPO



                               La calma del encinar
                       HUBO UN TIEMPO

                                               Tomás Martín Tamayo
                                               tomasmartintamayo@gmail.com
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Una gestación que se precipita se convierte en un parto prematuro o en un aborto, porque el feto, como la manzana, necesita su tiempo para madurar. Nos evitaríamos muchos sufrimientos si supiéramos esperar, porque lo que no resolvemos nosotros lo resuelve el tiempo. A veces en poco tiempo. Su terapia balsámica cicatriza heridas, cae muros, abre puertas, oxida rencores, cincela querencias, cierra la espera y el desgarro, desmiente amores y fidelidades, desvanece los asombros y resuelve enigmas tan indescifrables como el código de Voynich.  En el huevo está el ave, pero necesita la caricia del tiempo, que es el que obra la transformación y opera el milagro de la vida. Por mucho afán que pongamos, la semilla necesita tiempo para germinar, para hacerse árbol, para ofertar el fruto que, además, madurará a su tiempo. Doblega la espalda del gigante, cubre de musgo las fachadas de piedra, muerde el acero, quebranta rencores, nos abre caminos que ignorábamos y, caprichoso el, arrasa imperios y perpetúa hormigueros.
 
Algunos niegan su existencia porque creen que pasado, presente y futuro son acuerdos sobre fases lunares que se repiten desde un Big Bang intemporal. Mojones en un camino sin principio ni fin, meras pretensiones para acotar lo intangible, porque dicen que los días y las horas son convenios sobre una órbita fija que, girando, nos deja en el mismo lugar. Es como si cogiéramos un autobús que recorriera el espacio infinito y nos dejara finalmente al amparo de una marquesina de la que nunca nos movimos. Aun así, es bueno saber esperar, dándonos tiempo. Dominar el aguardo sentado en la orilla, es virtud esencial en los pescadores de caña, poder y de vida, ya que el pez no va a adelantar la mordida del cebo porque nosotros tengamos el pulso acelerado. Rajoy sabe de esto. “Como el tiempo no existe, lo hemos inventado”, escribió Asimov en “La Fundación”.

El tiempo se tiene y no  precipita ni adelanta acontecimientos. Es sabio, no hay tensión que ignore y para todo tiene su remedio, que suele ser la respuesta pausada de la difícil espera. ¿Cuánto necesitó la humilde piedra para hacerse piedra? ¿Cuánto empeñó la araña para saber escupir la urdimbre perfecta que teje con su hilo? El tiempo es contención, mesura y calma. Nos lleva, nos nace, nos crece y nos envejece, porque nosotros sí somos temporalidad limitada, como la roca que se hace arena hasta desaparecer, agredida mansamente por el lametazo paciente del agua. Él despoja de cáscaras  los sentimientos y nos pone ante la realidad que nos cabalga para que aceptemos con resignación la arruga y la congoja que, como un Bernini, cincela con esmero. Todo a su tiempo. Si supiéramos esperar no tendríamos que buscarle acomodo a los asombros que tanto inquietaban a Jesús Delgado Valhondo.
 
Hubo un tiempo en el que creíamos tener todo el tiempo, pero finalmente cada pulsación de ese reloj que hemos inventado para medir lo inconmensurable, ha hecho que se nos escurra entre los dedos, escapándose como bolitas de mercurio. ¡Ay, el que perdimos, el que nunca tuvimos, el que se nos fue sin haber venido! Fue un tiempo al  que no supimos ver  y pasó a nuestro lado sin dejarse ver porque antes de volvernos ya se había ido. ¿Tendrán tiempo los que se empeñan en  morder con la boca cerrada de una abstención? El cartero llama dos veces, pero el tiempo solo una. Y apenas roza la puerta.


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sábado, 15 de octubre de 2016

UN MONSTRUO A MI LADO

                         La calma del encinar
                        UN MONSTRUO A MI LADO
              
                                                 Tomás Martín Tamayo
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Fui a ver “Un monstruo viene a verme”, pero el verdadero monstruo estaba a mi lado, dueño absoluto del posabrazos del asiento que deberíamos compartir. Respiraba con dificultad, de forma entrecortada y con pitidos que entraban en mis oídos con más nitidez que las conversaciones entre el niño y el monstruo de la pantalla. Para paliar su falta de oxígeno se movía constantemente, mientras engullía algo crujiente que lograba trasegar con un vaso enorme de Coca Cola, separando sus brazos como un polluelo que quiere iniciar el vuelo. Y es ahí donde, como suele escribir Jaime Álvarez Buiza, la cochina tuerce el rabo, porque, al separar los brazos, de su axila salían efluvios de estercolero que acaban de remover. Incluso lo de las cochiqueras es más soportable. Se puede oler a tabaco, a sudor, a desodorante precipitado sobre una axila en descomposición, a muela cariada, a vino recocido y liberado en un eructo e incluso a fritanga porque en la calle hay de todo, pero en un cine, a centímetros de distancia, sin poder escapar y durante dos horas, resulta insoportable un tipo que interpreta con su presencia la más completa sinfonía de la fetidez. Y sin dejar de masticar, de beber y de moverse. Raro que no llevara moscas a su alrededor incluso en el cine. 
 
Todos conocemos a gente espesita, más en hombres que en mujeres, con las que se hace muy largo compartir el ascensor hasta el primer piso, pero lo del cine, con un gorrino al lado, moviéndose como si estuviera lleno de pulgas y comiendo bellotas, es una experiencia nueva que no recomiendo. Es ofensivo y evidencia una descomunal falta de respeto y consideración hacia el prójimo, obligarlo a soportar el portón de cochiquera que algunos llevan encina, aunque la espesez esté coronada. Felipe V, el primer Borbón, llegó a tal degradación que, además de no lavarse nunca –nunca es nunca-, pretendió recibir a un embajador mientras defecaba sentado en su vacinilla.  ¿Sabrán que existe una solución tan sencilla y económica como el agua y el jabón? No se pueden agrandar las distancias en un autobús, en la barra del bar, en el hospital, en la oficina.., pero aún menos en un cine, codo a codo, es un decir, con alguien que no quiere alcanzar la gloria eterna a fuerza sufrir los latigazos de un guarrindongo asilvestrado.  

La ropa también necesita un poco de sosiego, detergente, un buen centrifugado y un plácido secado porque, si a los olores de maldición se le suma el disecado de una camisa petrificada por el sudor, el resultado es para un ingreso por urgencias. Algunos parece que se masajean con amoniaco o con queso de Cabrales y hablar con ellos a corta distancia es como meter la cabeza en el vientre de una vaca que se pudre al sol.                                                 Durante la mili conocí a uno que, después de una largo día de marcha, con botas militares, en verano y por el cordobés Cerro Muriano, cuando volvíamos tan agotados como sudados, nos llevaban directamente a las benditas duchas liberadoras, pero el tipo, para evitar el agua, saltaba por la ventana, escabulléndose por la parte trasera para que el sargento no lo viera. Creo que no se duchó durante los tres meses de campamento... No le vi la cara y han pasado muchos años, pero hasta es posible que fuera la mofeta del cine.  
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sábado, 8 de octubre de 2016

LA MEMORIA LARGA DEL ODIO

                                 La calma del encinar
                            LA MEMORIA LARGA DEL ODIO




                                                     Tomás Martín Tamayo
                                                       (martintamayo.com)

Me cuenta un amigo, ex alcalde de UCD en uno de nuestros pueblos, que hace casi cuarenta años  un político de la oposición fue a dar un mitin… Por resumir, el mitinero, altísimo personaje después, dijo algo que molestó en el pueblo y casi acabó en el pilón, teniendo que salir por piernas porque el mocerío quería raparlo. El personaje creyó en una conspiración de la alcaldía y anotó en su memoria el nombre del alcalde. Cuarenta años después coincidieron en una cafetería de Mérida y un amigo común los presentó. Al oír su nombre, el ilustre personaje le dio la mano con desgana y se apartó con evidente malestar. El ex alcalde, extrañado, al pagar la consumición, pidió que cobraran también la del ofendido, pero éste no había olvidado la afrenta y el camarero trasmitió su respuesta: “Perdone, pero me dice el señor… que a usted no le acepta ni un café”. ¡Pobre hombre, cuarenta años sin olvidar un baño pilonero!

El odio en política traspasa el tiempo, como una flecha encendida la tela de seda y hasta el porquero de Agamenón tiene lápiz y papel para apuntar agravios y devolverlos. Es verdad que la política hace extraños compañeros de cama, pero también que algunos tienen una notable memoria para odiar y no hay ofensa pequeña que puedan olvidar, como en el caso que he comentado. Es posible que durante estos días de rumiaje intenso, en el PSOE estén poniendo nombre y apellidos a cada una de las puñaladas dadas y recibidas, porque el “arrierito semos” se acuñó en política y la venganza sabe esperar incluso agazapada detrás de una sonrisa. Las guerras civiles son las más encarnizadas y en el PSOE han cerrado un capítulo, pero quedan muchas páginas en blanco, que se irán rellenando con pocos olvidos y grandes olvidados. Olvidar es bueno, la desmemoria puede ser como un bálsamo reparador de cicatrices, pero no suele darse en política y la historia así lo demuestra.

Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, fue desenterrado  -¡trescientos años después de morir!- por orden de Enrique VIII porque el pueblo seguía añorando más al clérigo que al rey. Los pocos huesos que  quedaban en la tumba fueron juzgados y condenados a la hoguera, en el patio de palacio. El mismo Enrique VIII ordenó la decapitación de Tomás Moro, disponiendo que su cabeza fuera hervida durante días y clavada en un palo para después exhibirla en el puente de Londres. ¿La razón? No reconocer al rey como guía de la Iglesia y permanecer fiel al Papa. Vamos, que tampoco le aceptaba un café.

Por suerte, han cambiado los tiempos y la materialización de los odios. En el Concilio de Constanza declararon hereje al reformador religioso Jhon Wyclef, cuarenta años después de haber muerto. Eso no impidió que lo desenterraran para “ejecutar” sus huesos a martillazos. No consta que Wyclef se quejara… ¿Más? Oliver Cromwell fue desenterrado  a los dos años de morir para arrastrar su cadáver con un carro, pero como la osamenta resistía, el verdugo la descuartizó con un hacha. Finalmente, su cabeza, empalada, permaneció veinticuatro años anclada  en un tejado para que pudieran verla desde la calle.

Sí, algo ha cambiado, pero las navajas políticas siguen dando reflejos de luna negra y mientras más pequeño es el personaje más larga es la memoria de su odio, porque el enanito torero vive más por ser enanito que por su torería.

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jueves, 22 de septiembre de 2016

LA PALOMA Y EL CORTEJO

                               La calma del encinar
                               LA PALOMA Y EL CORTEJO
                                                                        Tomás Martín Tamayo
                                                                         tomasmartintamayo@gmail.com
                                                                         Blog Cuentos del Día a Día


Como tantas veces hemos visto en las viejas películas del oeste, los componentes de la banda caminan agrupados por la polvorienta calle principal, dueños de la situación,  seguros, siguiendo a los jefes, que van un paso por delante. Apenas bracean, llevan las manos a la altura de las pistolas, sus dedos crispados, miran y se sienten mirados, confiados como están en que nadie osará interponerse en su marcha triunfal. La gente observa temerosa tras los visillos, el barbero ha bajado la persiana, en el saloon las prostitutas se han refugiado en la planta alta, una madre tapa la boca al niño que llora, los perros han dejado de ladrar, un coyote aúlla en la lejanía, mientras que el viento arrastra bolas de espino y el cóndor, amparado en las alturas, planea sobre la escena… Pues igual o parecido,  antes en Barcelona y esta semana en Madrid, Homs y Más, seguidos en formación por el elenco de secundarios del separatismo catalán, hacían su paseíllo de gloria hacia la sede del Tribunal Supremo. Desafiante, Homs sonríe, saboreando su momento de gloria, Mas fruncido el entrecejo, adelantando su poderosa mandíbula de rompehuesos,  Oriol Junqueras traba la mirada…

Los mismos que acuden solícitos al Tribunal Constitucional, buscando amparo cuando les conviene, lo equiparan al Supremo “por estar al servicio del PP” y adelantan que lo que se va a escenificar allí dentro no es más que “un juicio político que ya tiene la sentencia dictada”. La Constitución, el Tribunal Constitucional y el Supremo valen cuando les vale. Por la Constitución tienen la autonomía desde la que desprecian a la Constitución, el Constitucional es bueno si cuestiona decisiones del Gobierno y les da la razón, el Supremo sirve para gozar de un aforamiento como diputados españoles… Admirable.  ¡Que güevos tiene esta gente!
Ya viene el cortejo, ya viene el cortejo, a la estética cinematográfica de la marcha solo le falta el coyote que aúlle, porque al cóndor lo ha sustituido una paloma, que se atreve a cagar sobre la pechera de la Munté al entrar en la sede. ¡Conspiración judeo masónica! ¿Una paloma? Alguien dijo por lo bajini que podía ser el Espíritu Santo… ¡Ay, cuánta maldad! Estos, que arroparon a Otegui en el Parlamento catalán como al “Mandela vasco”, superan su propia inestabilidad institucional y aseguran que no hicieron nada diferente a los que les pidió Cataluña. ¡Cataluña por testigo, qué gracia! Todo lo hacen por Cataluña, el mismo afán que el Dioni, que ejerció su derecho de autodeterminación y se llevó el furgón cargado de pasta para achicarles el peso a los ricos. Lo han repetido tantas veces que ya es oficial que se les persigue por sacar una urnitas a la calle y no por los delitos de desobediencia, prevaricación y uso fraudulento del erario público.

Pero ellos saben y conocen el recorrido de la marcha triunfal con la que están atosigando a los catalanes, para que todos vean que es Cataluña la inculpada, la que entra indefensa en el Tribunal Supremo y hasta la que soporta la cagada de la paloma. Ninguno irá a la cárcel, saben que como mal mayor no pasarán de una inhabilitación que los hará héroes de por vida y que con el tiempo, todos se olvidarán de la paloma, que fue la única heroína.
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