miércoles, 18 de enero de 2017

CRÍTICA LITERARIA DE ANTONIO SALGUERO EN eldiario.es

Crítica de libros

El Secreto del Agua, de Tomás Martín Tamayo

"El hecho de haber practicado tanto este tipo de narración es el que le permite que ahora, en su novela El secreto del agua, logre dosificar su trama dramática sin altibajos durante toda la amplia narración con intrigantes episodios que reactivan la atención del lector continuamente".
Antonio Salguero Carvajal
Tomás Martín Tamayo ha elegido para presentar su segunda novela una apacible portada con la imagen de un manso lago en cuya orilla se encuentra una casita arropada por una alameda de eucaliptus. Pero Tamayo no sería un fabulador si la quietud de ese grato entorno no fuera aparente y no planeara sobre el plácido atardecer el inquietante título El secreto del agua.
Esta paradoja, que pone al lector en guardia desde el primer contacto visual con la novela, resulta un hábil recurso de Martín Tamayo para mantener en ascuas al lector desde la misma portada. Y no es la primera vez que usa este eficaz medio de atracción, pues ya en el título de su opera prima El enigma de Poncio Pilatos, una novela histórica muy interesante,  aparecía ese componente de misterio con el que, de entrada, ganaba de forma instantánea la atención del lector por el camino de la intriga.
Ciertamente ese ingrediente es el elemento fundamental en que Martín Tamayo basa su técnica narrativa, pues será el suspense el que mantenga la atención lectora desde el inicio al fin de la novela, cuyo dinamismo descubre unas vigorosas ganas de contar de Tamayo, después de cuatro décadas escribiendo relatos cortos en cuya composición es un maestro. El hecho de haber practicado tanto este tipo de narración es el que le permite que ahora, en su novela El secreto del agua, logre dosificar su trama dramática sin altibajos durante toda la amplia narración con intrigantes episodios que reactivan la atención del lector continuamente: “El inspector que se había sentado comenzó a curiosear en el cajón central de la mesa, mientras el otro iniciaba el interrogatorio en un tono que casi parecía la lectura de una sentencia” (38).
Y a mantener constante el flujo discursivo dirige el autor todos sus esfuerzos de narrador atendiendo no solo al desarrollo temático sino también a su exposición. Así lo primero que hace Tamayo es sorprender al lector en la portada del capítulo 1 con un título inesperado y preocupante: “Un tiro en la madrugada”: “Hasta los grillos callaron. La detonación estremeció el corazón colectivo de Encinares” (11). Y seguidamente, en el mismo inicio del capítulo, vuelve a llamar la atención descubriendo la causa de la trama en forma de suceso impactante: el suicidio del protagonista, Antonio Godoy, un maestro desterrado con un pasado enigmático que, sin embargo, no tiene enemigos, es un hombre en paz consigo mismo, buen maestro, amante de la naturaleza y solidario. Resulta lógico, por tanto, que su muerte deje en el ambiente abundantes dudas y sus allegados no crean la versión oficial: “Antonio no se ha suicidado, de eso estoy seguro” (100). La clave se encuentra en la presa que finalmente inunda Riscos del Encinar, porque ha sido construida en un lugar distinto del proyectado para que no anegara tierras de terratenientes con buenas relaciones en el poder. Y Antonio Godoy, capitaneaba las protestas contra la decisión arbitraria de inundar el pueblo.

En adelante, el grueso de la novela será una muestra de las cualidades narrativas de Martín Tamayo, que establecen una densa e intensa urdimbre temática para contar lo que hay detrás del aparente suicidio de Antonio Godoy. Para ello Tamayo tiene que emplear sus amplios conocimientos de las relaciones que existen en los entresijos del poder a todos los niveles (económico, político, religioso), con el fin de advertir a sus lectores que, detrás de la realidad de la gente común, existe otra creada por los que dominan el mundo tanto a nivel local como nacional e internacional: “A nosotros no nos interesa la situación real de la presa, sino cómo la gente ve la situación de la presa. Nuestra misión no es enseñar la verdad, es propagar la realidad que queremos que se vea. La que a nosotros nos interesa” (343).
No obstante, aunque Martín Tamayo convierte la novela rural del principio en otra que abarca el ámbito de las finanzas y el poder mundial a través de Blas Godoy, presidente de la Oil Texaco Corporation, la trama se sitúa en un pueblo de la Extremadura de posguerra, lugar y momento histórico donde el autor se siente seguro y cómodo, porque nació y vivió en un pueblo extremeño en el que, sin duda, oiría hablar a sus mayores de los llamados “años del hambre”. De ahí que el maestro protagonista resulte ser un represaliado; Eulogio, su amigo, sea falangista y capitán mutilado de la Legión; los terratenientes miren solo por sus intereses y la gente común malviva en una situación de miseria material y cultural. El ejemplo más sangrante es el de Blas y Rosario, dos desgraciados que quieren salir adelante, pero ella acabará loca y él asesinado en la cárcel, sucesos indicativos de que a la gente corriente le resulta, cuando no imposible, muy difícil escapar de su triste situación: “-A tu marido lo han enterrado en el cementerio del Puerto de Santa María hace tres días, porque después de cuarenta y ocho horas no te habían localizado y el juez autorizó la inhumación. Lo siento, Rosario” (48).
En fin, El secreto del agua, interiormente, es una novela de grata lectura por la composición inteligente y la exposición elaborada de su trama narrativa y, exteriormente, resulta atractiva por su pulcra edición.

sábado, 14 de enero de 2017

UN GRAN DÍA. Ayer firmé los ejemplares solicitados por los lectores de HOY

QUE NO SE ENTERE NADIE

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                                   La calma del encinar
                          ¡QUE NO SE ENTERE NADIE!

                                                           Tomás Martín Tamayo
                                                           tomasmartintamayo@gmail.com
                                                           Blog Cuentos del Día a Día

Como si entre el negro y el blanco no hubiera escala cromática alguna, en Extremadura hemos pasado de un gobierno “tararí-chimpún” a un ejecutivo “chitón en boca y que no se entere nadie”. Dos extremos, porque, si aquellos se pasaban en el chirriar y la estridencia, estos imitan el sigilo del gato y andan con los pies almohadillados, para que no se les oiga. El gobierno de la Junta tiene vocación de invisible, que es el sueño máximo de los liberales. ¿Qué quedará si algo queda? Entre los dos extremos prevalecerá el recuerdo de la estridencia de un gobierno de perfil meramente político, que trabajaba más la botella y la etiqueta que el vino. Aquellos, los “monagoboys”, se pasaban el día con el megáfono en la mano, voceando las excelencias de unas uvas cuyas cepas ni siquiera se habían plantado. Y además, para que sonara más guay, también lo pregonaban en inglés. Pero aquello pasó y tuvo su adecuada respuesta electoral, por lo que no merece insistir en la tortura del recordatorio. Vamos a lo que tenemos.
 
¿Y ahora? Ahora los “varachissssss”, los silentes que, como el fantasma de la ópera, pasan rápidos, como sombras que se diluyen en las paredes y atraviesan los cristales. Me aseguran que los consejeros trabajan, que son gente de currelo. No lo dudo, pero ¿quiénes son y sobre todo, qué hacen, aunque no nos digan a qué dedican el tiempo libre? En los cuarenta años de autonomía nunca habíamos tenido un gobierno tan misterioso. “Bueno, hay una que sale de vez en cuando con  las cuentas, otro tiene bigote y el de Sanidad”, acertó a decirme el director de un instituto de Badajoz.

No creo que haya que llegar a estrambotes pasados de tiempo y de rosca, pero desde luego estos ilustres “ladies and gentlemen”, bien parece que pertenecen a la cofradía de la evanescencia. Incluso a Fantomas se le vía más. Además de tener un perfil político inexistente, son pocos, porque, de los cien compromisos electorales, registrados ante notario por el actual consejero de Cultura -¿?-, parece que el reduccionismo del Consejo de Gobierno es uno de las más importantes, sin olvidar la restricción horaria para las grandes superficies de Badajoz, fastidiando a todo el mundo y sin beneficios reales para nadie.
Tal vez sea hora de agradecer los servicios prestados a los invisibles que, aunque no se hayan desgañitado, seguro que han  intentando hacer más vino que etiquetas. Próximo el ecuador de la legislatura, la Junta, más que un parche, necesita cambiar la rueda y que se engrase a fondo el eje sobre el que gira. ¿Junta o gobex? He ahí el dilema, pero se está haciendo mucho para que vuelva el gobex y Monago, si sigue callado, gana muchos enteros.

¿Qué trasciende? Creo que Fernández Vara es un hombre trabajador, pero que se está confundiendo en el mensaje, porque lo vemos más en los enredos del PSOE y en el escenario nacional que en el extremeño. Excesivamente dedicado y sobreexpuesto en el conflicto interno de su partido, no parece percatarse de que a los extremeños les importa más lo que pasa en Extremadura que lo que ocurre en el PSOE. ¿Ignora Vara que todo esto sopla las velas del adversario? ¿Quién está en la tienda? Él sabrá, pero estar en tres sitios a la vez es atributo divino, solo reservado para la Cospedal.



sábado, 7 de enero de 2017

NO SE QUIEREN ENTERAR

   NOTA: Hemos anulado de la lista de suscripciones a todos aquellos que no manifestaron expresamente su deseo de continuar recibiendo este correo semanal (76), pero por alguna dificultad técnica (solo consta el correo electrónico, ignorando el nombre de su titular) es posible que aún queden suscriptores  que no estén interesados. En este caso ruego se me indique. Gracias         

                 La calma del encinar
                 NO SE QUIEREN ENTERAR

                                                        Tomás Martín Tamayo
                                                        tomasmartintamayo@gmail.com
                                                        Blog Cuentos del Día a Día

En el PSOE no se quieren enterar, prefieren tragar saliva, mirar al infinito, sacar pecho y seguir a su bola. Vamos, como si no hubiera ocurrido nada, porque para ellos los que vemos grietas en el casco del barco somos unos agoreros que no tenemos ni idea de política y, aún menos, de la colosal fortaleza del PSOE. Todavía no se han enterado de que un trozo de hielo a la deriva hundió al Titánic. Siguen enredando, se hacen trampas en el solitario y pierden el tiempo con artificios de gestoras inútiles, que no sirven ni para taponar una botella. (¡De parte del PP que dejéis la gestora para siempre, please!) Pretenden cerrar la herida en falso, ahora con la “democrática” pretensión del candidato único, sin aceptar que lo que tienen es una brecha tan complicada que casi vale menos hacer un barco nuevo. Y deprisa, porque el tiempo juega contra ellos, la mar está picada y los demás siguen navegando. Vamos, chungo, chungo.
 
 Los imperios caen más por la constante y eficaz gota china de los errores que por el furor arrasador de un tsunami, pero los lumbreras del PSOE, los de arriba, siguen creyendo que la caja de parches que tienen es un quirófano en el que pueden afrontar con garantías la intervención más delicada y urgente… ¡Qué leche se van a pegar! Cuando cayó el Imperio Romano, llevaba casi cien años descomponiéndose, previsible su final porque lo único que les quedaba era la inercia del poder que un día tuvieron. Si no cambian el chip a la de ya, en el PSOE todo será más rápido porque aquí hay que pasar la ITV política cada cuatro años. Cómo estarán de perdidos que ahora se empeñan en inflar el botecito de Zapatero, reivindicando al necio sublime que los dejó en un imposible y puso a España en dique seco. (¡De parte del PP que sigáis procesionando a Zapatero, que están dispuestos a pagaros peana y bocadillo!)

Y no se vislumbran alternativas, porque si a Pedro Sánchez no lo quieren los de arriba ni la derecha, a Susana Díaz no la quieren los de abajo ni el electorado de izquierda y los dos están amortizados. Incluso Guillermo Fernández Vara, el otrora hombre cauto y prudente, está tocado del ala por ir de rociero cantor, siempre a la sombra de la señora del sur. Vaya papelón el suyo, porque esta vez, aunque lo ha intentado, ha tirado la piedra pero no ha conseguido esconder la mano. (Plas, plas, plas de parte de Monago y Álvaro Jaén).

Pero la cúspide socialista, cayendo en el onanismo para recoger  aplausos de complacencia, no se quiere enterar de que han quedado enredados en las redes del gran pescador de oportunidades. Sus cataplines los tienen en las manos de un Rajoy que no dudara en girar la muñeca cuando le venga bien, que siempre será cuando al PSOE le venga mal. Si se ponen de alfombra no se comen un colín y si no lo hacen, Rajoy convoca elecciones y se quedan a dos velas. Lo hará porque si la alternativa es Podemos, tenemos Rajoy para rato. Y “tic-tac, tic-tac, tic-tac” el reloj sigue a su paso, llegará la hora de la verdad y entonces, solo entonces, volverán a pelearse para medir quién tuvo más culpa en el desaguisado. ¡La culpa es del viento!, que diría el gran Zapatero.

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sábado, 31 de diciembre de 2016

ZOPENCOS Y PETARDOS

                  La calma del encinar
                  ZOPENCOS Y PETARDOS

                                                Tomás Martín Tamayo
                                                tomasmartintamayo@gmail.com
                                                Blog Cuentos del Día a Día



Un zopenco y sus dos zopenquitos, cargados de petardos como para pelearse con Rambo, se empeñaban ayer en competir, en una plaza pública, -pongamos que hablo de la del Hermano Daniel Goyoaga-, para ver quién atronaba más al vecindario y a los pobres perros, para los que estos días son un calvario. Ante la insistencia del petardeo una vecina, que tiene a su madre enferma, bajó para pedirles educadamente que cesaran pero el señor de los truenos y sus alevines se crecieron con el rotundo argumento de “¡estamos en Navidad!”. Por la tarde el sitio parecía una competición de “mascletás”, porque los zopencos eran multitud y el ruido debía oírse en el Ayuntamiento y en la policía, pero a nadie se le ocurrió acercarse para preguntar quién había declarado la guerra al vecindario. ¿Para qué meterse en líos, con lo fácil que resulta poner la papela de una multa en el parabrisas del coche?

Cuando uno se encuentra con gente que no atiende a razones, lo civilizado es acudir a la legalidad y pedir el auxilio de las autoridades, porque hay una normativa autonómica, recordada por bandos municipales, que prohíbe los petardos, pero demostrado está que en Badajoz las únicas normas que hay que cumplir son las que afectan a la circulación, porque el ordeño económico del conductor es menos complicado, más rápido y lucrativo para las arcas municipales. Y eso es lo que importa. Si a diario hay accidentes por colisión entre peatones y ciclistas que invaden su espacio, eso no tiene importancia. ¿Alguien lo impide? Las normas no se imponen por articularlas. Tampoco importa que en determinados lugares los vecinos tengan que abandonar sus casas los fines de semana por el ruido. O que cuatro gamberritos destrocen fuentes y parterres de mármol, rompan bancos de hierro e impongan su ley en algunas plazas, por las que es peligroso pasar a determinadas horas.

Están prohibidos los petardos en Extremadura. ¿Y en Badajoz? Un bando del alcalde dice que sí, qué gracia. En una céntrica avenida, ayer mismo, los tiraron a los pies de dos municipales -muy ocupados en sancionar a vehículos estacionados en doble fila-, que se limitaron a reír la gracia de los petarderos. Lo lamentable es que el ruido indiscriminado, a cualquier hora y en cualquier lugar, tiene consecuencias desastrosas para los pobres perros, para los niños, para los ancianos y para todos, porque la diversión consiste en asustar a los transeúntes con la detonación. ¡Esa es la gracia! Hace días un perro “labrador”, al que estaban adiestrando como guía de ciegos, falleció por el estrés que le produjeron los petardos. Ese perro tenía más alma y conocimiento que todos los petarderos juntos ¿La solución es irse, alejarse de la ciudad, señor alcalde?

Si es difícil entender a los mamarrachos que se divierten así, aún más difícil es comprender la tolerancia y pasividad de los que deben impedir que impere la ley de la selva. Os lucís, señores munícipes, arbitrando tantas medidas, que solo sirven para derrochar papel y tiempo. En Badajoz tenemos mil mandamientos que se resumen en uno: circulación vial. Todos los demás son pecadillos, no hay que exagerar. ¿Hay que organizar “milicias ciudadanas” para defenderse de tanto energúmeno? Parece necesario pero ¿para qué os tenemos? Algunos principales que conozco, en días de ruido se van lejos para ponerse a salvo y disfrutar tranquilamente de la holganza que entre todos les pagamos. Oídos que no oyen…
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sábado, 24 de diciembre de 2016

ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA

La calma del encinar
                         ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA

                                                           Tomás Martín Tamayo
                                                           tomasmartintamayo@gmail.com
                                                           Blog Cuento del Día a Día


Después de tantos años anunciando que la muñeca famosa se aproximaba al portal, los publicistas nos debían un desenlace, viéndola llegar de una puñetera vez, pero la pobrecita, tan lela y perdida,  lo mismo se quedó sin pilas o se descacharró en el camino y no llegó nunca. Las que sí siguen son las famélicas de risa tonta y voz de misino, que anuncian “eau de toilette”, porque los perfumes huelen mejor si se piden en francés. No es lo mismo eau que agua, ni toilette que retrete, aunque  tengan la misma fragancia implícita. Si regalas un agua te la tiran a la cara, pero si dices que es una eau la cosa cambia, que no es lo mismo un duro que veinte reales. Me gusta especialmente la romanoide de labios neumáticos, túnica escasa, piernas al aire y pechos insinuantes, que desciende por una escalera para meterse en la piscina con sonrisilla picarona, mientras unos tíos se tapan sus vergüenzas… No me he enterado del argumento de esta “eau de toilette” y lamentablemente no puedo ir a comprarla porque ¿cómo la pido? ¿Dame la colonia de la nena buenorra que se mete en un charco? Queda feo, poco “eau de toilette”.

¿Y en esta Navidad…? Yo no sé ustedes, pero a mí se me dispara la respuesta con el turrón de chocolate, que ya son muchos años de disciplina. Y además, se ha quedado solo, porque el de “queremos turrón, turrón, turrón” se ha ido con el gel de los limones salvajes del Caribe. El que presumía de ser el más caro del mundo, con la crisis no cuela y parece que el de la Viuda se fue con su finado. Le acompaño el sentimiento a los huérfanos, aunque tampoco sé qué significa eso de “acompañar el sentimiento”. También ha desaparecido el turrón que se hacía “exprimiendo las esencias tradicionales de las mejores almendras”. ¿Cómo exprimirían las esencias? ¿Eau d'amandes? Siempre nos quedará el de Castuera, que es una apuesta segura. Si sobra, hasta para empedrar las calles sirve. Fiel a la cita, sí que ha llegado el fulano que vuelve por Navidad y que, -¡qué jodido!-, cada año más lozano, no pasa el tiempo por él. Echo de menos al calvo de la lotería, porque soplando daba menos tabarra que la abuela que se confunde de día del sorteo y monta su particular caravana hacia el faro del pueblo. Cinco o seis veces, todos los días, en todos los canales con el mismo despiste de la abuelita… ¿No es eso ensañarse con la pobre mujer? Es casi peor que el miedo de la Caballé del año pasado. Incluso con el “tra lalalala lalaaaalaaa” de Raphael.

¿Se ha quedado sin burbujas el cava que se gastaba un pastón para decirnos que se gastaba un pastón con las “burbujitas” bailando en una copa?  Pues sin eso lo de “esta noche es Nochebuena”… ¡qué sé yo! Con todo, la ausencia que más me duele es la de la fanática motera que se bajaba la cremallera de la chupa de cuero, dejándonos ver el largo canalillo de sus cántaras, se quitaba el casco y  moviendo su rubia melena decía: “Busco a Jacq´s”. ¡Qué lozanía! Seguro que no vuelve porque encontró al pavisoso. Y para colmo de males, Ramón García no dará las campanadas de fin de año. Esto es no es lo que era, pero brindemos con cava, extremeño por supuesto. Tampoco está mal el francés.
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sábado, 17 de diciembre de 2016

QUÉ PENA DE LEYENDA

                                  La calma del encinar
                                  QUÉ PENA DE LEYENDA

                                                              Tomás Martín Tamayo
                                                               tomasmartintamayo@gmail.com
                                                               Blog Cuentos del Día a Día

Durante más de cien años, en las noches del 25 y 26 de junio, muchos se daban cita en una planicie próxima a las Colinas Negras de Dakota, porque en sus laderas la luna reflejaba la sombra del mítico jefe sioux, Lobo Largo, y el viento acercaba el eco del resoplar nervioso de su caballo. Incluso se habilitaron zonas para aparcar autobuses. Algunos llegaron a grabar sus gritos de guerra, mientras galopaba atravesando los prados y crestas, con una antorcha que iluminaba el suelo que le pertenecía. Para miles de personas, Lobo Largo era el símbolo de la resistencia, cuyo espíritu rebelde e inquebrantable seguía galopando sobre la tierra de sus ancestros. Lobo Largo participó en la famosa batalla de Little Big Horn, el 25 y 26 de junio en 1876, en la que fue exterminado el Séptimo Cuerpo de Caballería y en la que murió el general Custer.

 De los tres jefes indios que en coalición lograron vencer a Custer, estaban localizadas las tumbas de Toro Sentado y Caballo Loco, pero durante 110 años buscaron inútilmente la del huidizo Lobo Largo, que había sido determinante en la  mayor catástrofe de la época para la caballería norteamericana. Lobo Largo y sus guerreros afrontaron los mayores riesgos durante la batalla y fue herido en el pecho, en el cuello y en una pierna, que quedó prácticamente descarnada, pero se negó a participar en las festividades del triunfo y desapareció misteriosamente durante su convalecencia. Se creyó que había muerto, dejando instrucciones muy concretas para que nunca se conociera el lugar donde reposaban sus restos, pero siguieron buscándolo en las colinas que reflejaban su sombra, cada mes de junio. Otros estaban convencidos de que seguía vivo y aseguraban que lo sentían cerca cada vez que se adentraban en las praderas que fueron testigo de sus hazañas… ¡La verdad desnuda historias muy bonitas, lástima!

En la reforma de un cementerio londinense, en Brompton, en un extremo que nadie visitaba, encontraron una tumba cubierta de hierba y musgo, con una lápida de piedra negra y una leyenda, tallada superficialmente, que a nadie decía nada: “Sioux. Long Wolf, 1892”. Fue el dato que necesitó Elizabeth Knight, que desde hacía mucho seguía la pista  del aventurero Robert Cunningham Grahame, que había dejado escrito en una nota que los restos de Long Wolf (Lobo Largo), vencedor de Custer, estaba en una tumba descuidada de un atestado cementerio de Londres". Comprobada la autenticidad, fueron repatriados a Estados Unidos y una nieta de Lobo Largo, Pluma Negra, de noventa y cinco años, presidió la ceremonia en la que participaron unos cinco mil indios, que llevaron con veneración al mítico guerrero hasta las colinas que lo vieron crecer y combatir.
 
 Parece que nadie estaba interesado en conocer más sobre la desaparición  y tras el funeral, sin preguntas, el silencio respetuoso. Inteligencia india. ¿Pero por qué estaba la tumba del jefe sioux en Londres? Tras la batalla de Little Big Horn, Lobo Largo quedó malherido y se ocultó durante dos años para que nadie pudiera verlo maltrecho, indefenso o vencido. Después, por razones que se desconocen, viajó a Europa y se refugió en Londres, donde acabó enrolándose en el circo de Búfalo Bill, para hacer acrobacias sobre su caballo y posar con los niños para fotografías de recuerdo…

¡Ojala no lo hubieran encontrado nunca!  Las Colinas Negras de Dakota enmudecieron, su sombra desapareció y el viento silenció el resoplar de su caballo. ¡Qué pena de leyenda!

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viernes, 9 de diciembre de 2016

PARA NO CREER EN NADA

                    La calma del encinar
                    PARA NO CREER EN NADA

                                                       Tomás Martín Tamayo
                                                        tomasmartintamayo@gmail.com
                                                        Blog Cuentos del Día a Día


Al salir de Badajoz, hacia Cáceres,  paré para repostar en una gasolinera y un señor, al lado de una motocicleta de gran cilindrada, con  mono integral y casco, se acercó a mí con exquisitos modales. Me explicó que era enfermero en el hospital de Plasencia y que se iba a quedar sin gasolina, pero que  había perdido  la cartera y no podía echarla. Pensé que eso puede pasarle a cualquiera y le pregunté qué cuánto necesitaba. Me dijo que con veinte euros tenía para llegar, que me los devolvería de inmediato si le facilitaba un teléfono o una dirección... Me pareció verosímil y se los di. Días después, paré en otro surtidor, en la carretera de Madrid, y el mismo individuo se acercó… Se había reconvertido de enfermero de Plasencia en profesor de  instituto en Don Benito. Espera que hay más.

En la prisión de Badajoz tuve un alumno que podía haber hecho la carrera de ciencias que hubiera querido, porque era excepcionalmente brillante, pero él prefirió utilizar sus dotes para robar, engañar y complicarse la vida. De hecho, acabaron matándolo en una reyerta carcelaria. Una mañana, al entrar en la prisión, vi a una anciana llorando porque un funcionario se negaba a dejar que entregaran a su nieto, a mi alumno, un reloj que le había traído un hermano desde Suiza. Yo intercedí por ella y el funcionario me explicó que era necesario abrir el reloj porque “es un Panerai muy grande,  puede llevar droga en su interior y yo no corro el riesgo de manipularlo y estropearlo”. La anciana seguía llorando, desconsolada, yo insistí y el funcionario, por hacerme un favor, sacó una navajilla, presionó la tapa del reloj y la hizo saltar. Dentro del Panerai, falso de toda falsedad, había una bolsita sellada, con tres gramos de cocaína… Y van dos. ¿Más?

Recibí un correo electrónico de una editorial de Barcelona,  pidiéndome un relato erótico, para una antología que preparaban. Decían que me habían seleccionado por haber sido finalista en un certamen al que me había presentado. Yo ignoraba haber quedado finalista, pero era verdad que había concurrido, lo que me hizo confiar. La “3ª Antología del Relato Erótico”, que sería el título genérico del libro, llevaría un prólogo de Almudena Grandes y una salutación de Vargas Llosa. Me pedían un relato original, ajustado a un número de caracteres, márgenes, tipo de letra... Todos los beneficios serían para una organización internacional de carácter ecologista. El correo venía con membrete, anagrama editorial, dirección postal  varios números de teléfono… Ajusté a las exigencias un relato inédito y lo envié por correo electrónico. Una semana después recibí nueva misiva, anunciándome que habían aceptado mi relato, pero que les había fallado una subvención y, para cubrir los gastos de impresión, me pedían que adquiriera un mínimo de cinco ejemplares, al precio de diez euros cada uno. Me facilitaban un número de cuenta… No me olía bien y pedí que me los enviaran contra reembolso. Desde entonces están desaparecidos. No existe ese sello editorial, nadie contesta a los correos y los teléfonos, en los que no había reparado,  comenzaban por 906. O sea, otra estafa…


¿Qué han detenido y bloqueado la cuenta de un padre que aprovechaba la enfermedad “rara” de su hija para estafar? Todos tenemos experiencias personales, es pan de cada día. Eso sin hablar de los estafadores/as emocionales, más dañinos y abundantes que portugueses en Portugal.
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sábado, 3 de diciembre de 2016

ERNESTINO CONTRA FIDEL

                         

                         La calma del encinar
                         ERNESTINO CONTRA FIDEL

                                                     Tomás Martín Tamayo
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Ernestino Abreu y Fidel Castro eran amigos desde la infancia, tenían la misma edad, compartían las mismas inquietudes y fallecieron con siete meses de diferencia. Los dos coincidieron en la Universidad de la Habana y en ambos anidó la rebeldía por una situación política que había hecho de la isla una propiedad privada y “el mayor prostíbulo de Miami”, bajo la bota de un sátrapa como Fulgencio Batista. Ernestino fue de los primeros en sublevase activamente y  muy pronto capitaneó una de las primeras células de resistencia, en la zona boscosa de Pinar del Río. Allí, con una escopeta de cañones recortados y un cuchillo matancero, fue uno de los pioneros en plantar cara a la guardia del dictador. Meses después se incorporó a la revuelta Fidel Castro que, con su verborrea revolucionaria, unió y dio visibilidad a todos los movimientos guerrilleros. El Ché era la idea, Ernestino el trabajo y Castro la voz.

Ernestino, herido, enfermo y agotado tuvo que retirarse en un par de ocasiones, pero, aun así, fue uno de los históricos que, junto a Castro y el Ché, entraron victoriosos en La Habana, tras la huida de Batista. La luna de miel de Ernestino con Castro fue tan corta como la de Castro y el Ché, pero ambos cogieron derroteros diferentes, el Ché intentando expandir el movimiento revolucionario a toda América latina y Ernestino, asqueado de la burocracia y de los fusilamientos indiscriminados que estaba llevando a cabo Raúl Castro, se sublevó, fundando el MRR (Movimiento Revolucionario de Recuperación), perseguido con saña por los dos hermanos. Ernestino era joven, ingeniero agrónomo, pertenecía a la élite de la revolución y si se hubiera aclimatado a la nueva tiranía lo hubiera tenido todo a su favor en la Cuba que estaba despertando, pero la represión feroz, el asesinato masivo de jóvenes, los fusilamientos sin juicio y las violaciones de las libertades de los nuevos tiranos, disfrazados de libertadores, lo hicieron levantarse de nuevo: “No hemos luchado para quitar a un dictador y poner a otro”.

 Muchos de los que entraron victoriosos en La Habana, cayeron en los dos primeros años por oponerse a un dictador al que habían ayudado a llegar. Ernestino tuvo que asilarse en la embajada de Brasil para escapar de las garras de quienes lo buscaban para llevarlo al paredón de fusilamiento, como hicieron con dos de sus lugartenientes. Consiguió huir y, desde Miami, organizó la resistencia contra los Castro, con el mismo ímpetu que había puesto contra Batista, sufragándola con su propio dinero. ¿Calmó el tiempo su espíritu libertario?

A los setenta y cuatro años logró reclutar para la causa  a Vicente González, de 64, a Miguel, hermano de Vicente, de 63 y a Rolando  Corrales, de 51 y tras un exhaustivo entrenamiento militar, superando  etapas muy duras de supervivencia, el 14 de mayo de 1998, a las once de la noche, en una lancha motora lograron  desembarcar en las costas de Cuba, con el propósito de acabar a tiro limpio con la dictadura de Fidel Castro. El comando, el cuarteto, estaba decidido a morir intentándolo pero fallaron los apoyos interiores, que los delataron… Fueron detenidos y condenados a 15 años de cárcel, lo que suponía el fin para los cuatro aguerridos combatientes, pero a los tres años Ernestino logró huir y hasta  su muerte, hace siete meses, mantuvo encendida la antorcha de la rebelión para liberar a la Cuba de sus sueños… ¡Qué guión para una película!
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