sábado, 13 de octubre de 2018

EL IMBÉCIL DE LA PALMERA


                       EL IMBÉCIL DE LA PALMERA
             
                                                   Tomás Martín Tamayo
                                                    Blog Cuentos del Día a Día
                                                    tomasmartintmayo@gmail.com


Gabriel Rufián se ha convertido en un disolvente de cualquier iniciativa sensata que se tome en el Congreso de los Diputados, gloria bendita para cualquier irregularidad que se intente investigar. El pobre tipo lleva su hatillo lleno de patochadas y se recrea sacándolas y escupiéndolas, como si fueran sentencias socráticas. Es un balón de oxígeno para los comparecientes porque, con sus “rufianadas”, da solemnidad a lo intrascendente, restando importancia a lo esencial. Lo peor que le puede ocurrir a una comisión parlamentaria es que uno de sus vocales se dedique a mover el pañuelo para llamar la atención y espantar a las moscas, mientras que los interpelados se van felices y sin un solo arañazo. No sé si, como dijo la diputada popular,  Rufián es un imbécil, pero desde luego sus puestas en escena y sus paridas tienen una considerable carga de idiotez, de memez e incluso de chochez mofletuda. Y de inutilidad. Rufián está mayor y si cree que cobra por divertir, debe ir renovando el repertorio porque se conoce el final de todos sus chistes.

Se supone que en esa comisión del Congreso de los Diputados, sobre la financiación irregular del PP y su caja B, los comparecientes van para caminar sobre un lecho de brasas y se esperaba que Aznar o Álvarez Cascos tuvieran que emplearse a fondo para desmontar las preguntas cargadas de cicuta que les tenían preparadas, pero todo queda en nada y de la nada, nada trasciende. Al final llega el payasote republicano, monta su particular espectáculo y mueve el capote de tal manera que les hace un quite salvífico a todos los que por allí pasan. Si no lo considerara bastante limitado, hasta podía pensar que es una treta acordada con los comparecientes, que deberían pagarle el favor que les hace. Recuerdo una película en la que un policía corrupto, a buen precio, “cometía errores” en la investigación para que el juez anulara las pruebas acusatorias contra el que le pagaba.

El martes pasado le tocaba hacer el paseíllo a exsecretario general del PP, Francisco Álvarez Cascos, que aparece en todos los capítulos del libro gordo de Bárcenas. Conocedor como es de los rifirrafes que se montan en esas comisiones, entró serio, con aspecto cansado y voz queda pero, como Aznar, salió de allí divertido, risueño y afirmando que se lo había pasado muy bien. Natural, miel sobre hojuelas, Rufián acudió en su ayuda y disparando al aire ahuyentó la atención sobre el compareciente, llamando “palmera” a la vicepresidenta de la comisión, aburriendo una vez más al presidente y reclamando para su espinazo estoques, puyas y banderillas. “¡Imbécil!”, le espetó la diputada y Rufián tan contento:”¡Ya la lie otra vez, objetivo cumplido!”.

 Con este alto debate de guiños, palmeras e imbéciles, Álvarez Cascos, visiblemente aliviado se arrellana en su sillón, suspira y sonríe, como si estuviera contemplando un sainete desde la primera fila de butacas. Solo le faltó despedirse con un: ¡Gracias Rufianillo!”.

Pero lo más bufo no es el lenguaje tabernario que utilizan, sino verlos en ese marco  de exquisitez arquitectónica y de esa guisa, pertrechados de sofisticados micrófonos, asientos de cuero, reclinables, mesas, estrados, cámaras, taquígrafos, ujieres… ¡Un pastizal nos cuesta la fiesta que, además, sirve para engordar la gorda nómina del bufón! Rufianadas más ocurrentes pueden oírse en cualquier mercadillo, de puesto a puesto, sin más ayuda que una bocina con pilas y sin pagar a los voceros.

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FINAL DE LOS ARTÍCULOS


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miércoles, 3 de octubre de 2018

HOSPITAL UNIVERSITARIO DE BADAJOZ



La calma del encinar
                 HOSPITAL UNIVERSITARIO DE BADAJOZ

                                                    Tomás Martín Tamayo
                                                    Blog Cuentos del Día a Día
                                                    tomasmartintmayo@gmail.com


No es un tema que haya subido a la barra del bar, ni suscitado discusiones en las reuniones familiares, pero el goteo era viejo y recurrente porque el nombre de nuestro hospital universitario, Hospital Infanta Cristina, llevaba mucho tiempo reclamando un cambio de denominación. Y las explicaciones que se las pidan al maestro armero, o sea, al rey Felipe VI, que señaló el camino a seguir, retirando a su hermana y a  su cuñado el título nobiliario de duques de Palma, apartándolos del núcleo familiar y señalándoles la puerta de salida en los actos protocolarios o de representación de la Casa.

 El ayuntamiento de Palma recibió el mensaje real, bajó el nombre de la rambla que le tenían dedicada y de ahí, en cascada, el título nobiliario de la pareja o el de Cristina de Borbón, como infanta de España, fue cayendo de polideportivos, hospitales, institutos, colegios, bibliotecas y calles… porque no parecen muy compatible sus andanzas financieras con tanta nombradía, simplemente por ser hija de su padre… ¡Que esa es otra!

Además, la infanta Cristina no se enterará de este cambio, como posiblemente no se enterase de que su nombre subía a lo más alto de la fachada del centro hospitalario. No vino a la inauguración, jamás lo visitó ni mostró interés alguno por él. Incluso le pidieron unas palabras para cincelarlas en la puerta y nunca respondió. Parece sensato que la Junta de Extremadura, sin alharacas ni revisionismos oportunistas, cambie el nombre “oxidado” del hospital por otro tan obvio e incontestable como el de Hospital Universitario de Badajoz. Se sabe que Guillermo Fernández Vara, que no es precisamente un “prisiña” ni “hombre espectáculo”, tiene una buena relación personal con el rey y no es descartable que antes de hacer público el cambio de denominación le informara. Además, todo viene rodado porque profesionales de prestigio de la propia institución, usaban desde hace mucho el nombre que ahora se hace oficial. Yo le he oído decir a Agustín Muñoz Sanz: “Trabajo en el Hospital Universitario de Badajoz…” Agapito Gómez Villa lo ha reclamado en algunos de sus artículos en HOY y Víctor Casco, en nombre de IU, defendió el cambio en la Asamblea de Extremadura… Por tanto, nada apresurado ni novedoso, fue el propio Felipe VI el que encendió el cohete de salida.

¿Esto supone, como afirma un memo de guardia, una cortina de humo para distraer u ocultar los verdaderos problemas de la sanidad en Extremadura? Vaya majadería. Es como asegurar que si no se cambia el nombre los problemas dejan de existir. Vamos, lo de confundir el culo con las témporas, la velocidad con el tocino o los cojones con el trigo, que es mi favorita:
-Cucha, vecino, que tu burro está en mi parva comiéndose  el trigo.
-¡Ah, no te preocupes, el burro está capado!
-¿Y qué tienen que ver los cojones para comer trigo?

El cambio de nombre parece oportuno, justo y necesario y es bueno que, al margen de la oseoteca interesada en la que algunos chapotean, nos esmeremos en la asepsia de los nombres que se pretenden perpetuar. Sobre todo para no  tener que retirarlos mañana. Aquí con el mismo látigo azotamos a tirios que a troyanos y lo que hoy se aplaude, mañana se apedrea. Hospital Universitario de Badajoz, suena bien porque es hospital, es universitario y está en Badajoz. Tan simple como inapelable.



sábado, 29 de septiembre de 2018

CADÁVERES EN LA NEVERA



                      La calma del encinar
                   CADÁVERES EN LA NEVERA

                                                    Tomás Martín Tamayo
                                                    tomasmartintamayo@gmail.com
                                                    Blog Cuentos del Día a Día


Me hacen gracia los que proclaman que no están arrepentidos de nada, bendicen su pasado y afirman que de existir la moviola de la vida, ellos volverían a escribir las mismas página en el volumen de su existencia… “¡Tontos p´a siempre!”- diría José Mota. En nuestro “debe” y “haber”, por muy indulgentes que seamos con nosotros mismos, siempre encontraremos hechos y dichos poco gratificantes, sin necesidad de que el comisario Villarejo pulse el play de la grabadora. Supongo que algunos capítulos de mi vida están impecablemente escritos, pero de los que más me acuerdo son de aquellos que, si tuviera oportunidad, no volvería a escribir porque son un puñetero desastre y parecen escritos por un mono con una tiza. Yo sí que me arrepiento de mucho de lo que he dicho, he hecho, he escrito, he pensado y he conocido… ¡Ojalá pudieran “despresentarme” de genta a la que me presentaron!

Lo que me molesta de la ministra de Justicia no es lo que dijo hace nueve años, en una mesa distendida y posiblemente bien regada, porque Villarejo es un experto en soltar lenguas, sino la cerrazón para reconocer inicialmente unas afirmaciones que no la atan de por vida, aunque el ricino se lo administren ahora y el chinato lo pongan en el zapato incómodo de un ministerio. ¿Tiene que dimitir por aquello la ministra? ¡Cuánta hipocresía! ¿Quién de nosotros escucharía, sin parpadear, el carraspeo de cintas del pasado al girar en  audio? Y no solo de lo que dijimos hace nueve años, sino de lo que hemos dicho o hecho en la última semana. O esta misma mañana.

Pompeya Sila, la mujer del pervertido Cayo Julio César, asistió a una saturnalia, una orgía sexual en la que, por un día, se admitía el desfogo a las damas romanas de la aristocracia. Pompeya había participado en esas juergas en muchas ocasiones, pero su ejemplar esposo buscaba un asidero al que aferrarse para repudiarla y, después de consentir implícitamente su participación, se indignó y soltó aquella parida de “la mujer del César no solo debe ser honrada; sino también parecerlo”. Hasta es posible que el gran libertino, “mujer de todos los maridos y marido de todas las mujeres” lo dijera mientras participaba en una de las orgias mixtas que le preparaban y en las que él se travestía ahora de guerrero invicto, ahora de damisela perfumada… ¡Vete al carajo con tu puritanismo, Julio César!

Hace poco incluso en la televisión pública se contaban chistes, muy aplaudidos, de maricones, nenazas, mariquitas, sarasas… ¡Y de negros, sudacas, tullidos, mongolos, subnormales, putas y moros! El lenguaje se ha ido acoplando a una realidad diferente y lo que ayer servía no sirve ahora. Veremos mañana, porque la rueda no para. ¿Es equitativo juzgar con la mentalidad de hoy las ejecuciones en masa de Hernán Cortés en México? ¿Alguna iglesia que encargue hoy la figura de Santiago matando moros desde la grupa de su caballo?
 
Tal vez deba dimitir la ministra por iracunda y chabacana, por no saber guardar las formas, por hortera en sus gestos -una mano en el cuadril y la otra espadeando con el micrófono-, por su inestabilidad emocional y porque no denunció los supuestos delitos de sus compañeros… ¿pederastas? Una ministra de Justicia y Notaria Mayor del Reino tiene que tener más control y mayor equilibrio, pero estoy seguro de que muchos de los que se rasgan sus vestiduras tienen cadáveres en la nevera. Y en Venezuela.





miércoles, 12 de septiembre de 2018

DECONOCIDA CATALUÑA


                     DESCONOCIDA CATALUÑA

                                                    Tomás Martín Tamayo
                                                    Blog Cuentos del Día a Día
                                                    tomasmartintmayo@gmail.com

En una reunión con Tarradellas, presidente de Cataluña -¡Ja sóc aquí!-, me llamó la atención el respeto que  desde la oposición le profesaban. Fue un encuentro protocolario, sin agenda, ajeno a la rigidez de los turnos parlamentarios, pero todos, antes de hablar, levantaban la mano hasta recibir la anuencia del presidente. Me sorprendió especialmente Antonio Gutiérrez, líder del PSUC, un político carismático y poco dado a los silencios de conveniencia, que después de levantar la mano, esperaba a que Tarradellas le diera entrada con un gesto de condescendencia: “Gracias, honorable”, respondió el díscolo líder comunista antes de intervenir.

Nada que ver con lo que se estilaba en otras autonomías, donde la trifulca era lo habitual. Desde entonces veía a Cataluña con indisimulada admiración porque allí el respeto y el pragmatismo iban cogidos de la mano y, después de Tarradellas, Pujol siguió ejerciendo la dignidad institucional, con los de dentro y los de fuera, sabiendo negociar los asuntos de Estado en un “tú a tú” que no se daba en ningún otro sitio. Cataluña era grande, propia y admirable.

Con Suárez, Felipe González y Aznar, tuvieron la capacidad de hacerse oír, vendiéndoles a muy alto precio cualquier acuerdo parlamentario. Confieso que al ahora “ex honorable del 3%”, lo admiraba sinceramente porque frente a las soflamas él era conciso y equidistante, sabiendo vender a cada uno lo que necesitaba. Mientras los demás lucían palmito para incrementar el ego personal, Pujol, que más que hablar farfullaba, bajito, feo y con tics que parecían fruto de algún calambre cerebral, llegaba a Madrid con muchas bolsas vacías para retornar a Cataluña con todas llenas. “Es el seny catalán”, dijo un día con sorna Adolfo Suárez, mientras frotaba el pulgar y el índice.

¿Dónde queda ahora el seny como sinónimo de sensatez, cordura, pragmatismo o sentido común? Pujol, despojado de toda dignidad por sus trinques, se ha descubierto como garrapata aferrada  a comisiones ilegales para enriquecerse. Ni honorabilidad ni vergüenza. Mientras pasaba el platillo en Madrid sembraba el odio en Cataluña con su estrafalario “España nos roba”. Su designado, Artur Mas, a la deriva desde el principio, se aferró al independentismo desnortado para contentar a un electorado adoctrinado desde la escuela. Sin más asidero político que la discordia y despreciado por los propios, dejó el timón a un desconocido Puigdemont, que siguió la deriva de engañabobos, convirtiéndose en un alfeñique de su propia egolatría y comportándose más como un reyezuelo absoluto que como presidente de una comunidad. Frente a un irresoluto como Rajoy, chapoteó en la cloaca del independentismo, huyendo finalmente como un robaperas, pero exportando el conflicto a una EU que, débil y desunida, abofetea a España desde cualquier tribunal de tercera fila.

Y llega turno al mayor esperpento, un tal “Quintorra” con mentalidad de calientasillas del ausente, declarando la guerra a España y exigiendo disculpas, perdones y rendiciones por los votos prestados a Pedro Sánchez. Los catalanes nunca dieron nada gratis, pero tenían el recato de un “seny” que los frenaba. Ahora, a lo bruto, amenazan al Gobierno con un giro de muñeca capaz de estrangularle los cataplines.

¿Y el “seny”? El seny derivó en mentira, trapacería, aprovechamiento descarado, ordeño de las arcas públicas, invistiendo de dignidad institucional a unos individuos que, teniendo votos, carecen de vergüenza. El seny escupe a la mitad de Cataluña, se burla de la ley, exporta una España inexistente y pretende torcer el brazo a la Constitución. ¿Qué diría Tarradellas de estos fulanos?

EL FRAILE ESPABILADO




                   La calma del encinar
                   EL FRAILE ESPABILADO

                                                    Tomás Martín Tamayo
                                                    tomasmartintamayo@gmail.com
                                                    Blog Cuentos del Día a Día

Si al rey emérito no se le puede juzgar, porque es o fue inimputable, tampoco se le puede prejuzgar porque eso sí que sería temerario, aunque no entendamos que, a estas alturas y en un país supuestamente democrático, pueda haber alguien bajo la cobertura de semejante privilegio. Inimputable, como un bebé de pecho. ¿Esa inmunidad  impide que dos personas encuentren a su padre? Dos juezas consideran que al rey no se le puede pedir una prueba de ADN, invocando el Art. 56 de la Constitución, porque “la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Un español y una belga, Albert Solà  e Ingrid Sartiau, con testigos y documentos indiciarios, que son aceptados por todos los jueces en casos similares, han reclamado una prueba de paternidad para verificar científicamente si son hijos del rey, pero con hueso han dado porque lo que vale para los demás no sirve para ellos. Se quedan sin saber si son o no sus hijos, como lo leen. Los privilegios constitucionales que amparan al monarca prevalecen sobre los derechos de los demás. Lo llaman igualdad.

Ahora, sin entrar en el fondo de la cuestión, la fiscalía Anticorrupción se niega a indagar en las declaraciones de Corinna, “la amiga”, sobre los presuntos trinques, comisiones y demás regalías porque el rey, en aquella fecha, era inimputable y contra él no cabe juicio alguno. Ahí tenemos dos muestras de lo iguales que somos todos ante la Justicia. Supongo que la prerrogativa del padre también la tiene el hijo, que puede hacer lo que quiera en cualquier terreno porque a ellos, si acaso, solo los puede juzgar Dios y la historia. Divertido. Como gritaría el cortesano Pablo Casado: “¡Viva el rey!”

¿Los constitucionalistas que metieron semejante aberración en la Constitución pensaron que esta abarcaba también a los asuntos de cama? Seguro que no, pero la lectura literal que se hace, al pie de la letra,  interpretada de forma tan extrema y bonancible para el monarca, metió en la Constitución una cuña medieval. Muchos entienden que esa “inimputabilidad” debe aplicarse a cuestiones de Estado, excluyendo las referidas a las relaciones entre las personas y/o su patrimonio, pero aquí damos una vuelta al torniquete y al interpretar que “la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, admitimos que puede, “ancha es Castilla”, permitirse el lujo de cercenar el derecho de las personas para averiguar quién es su progenitor.

“Todas las personas con responsabilidades públicas tenemos el deber de observar  un comportamiento ejemplar y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La Justicia es igual para todos”. Son palabras del rey que, al parecer, ignoraba que en lo manifestado solemnemente, él era la excepción. Hubiera sido más ajustado decir que “La Justicia es igual para todos vosotros”. Y aun mejor si hubiera concluido con la coletilla de “pringaos”. Lo del fraile espabilado: “Hermanos, bajad al huerto a trabajar, que después tenemos que subir para almorzar”.

¿Y esto sigue así? Así sigue y si Felipe VI quiere hacerse un llavero –es un supuesto estrafalario, ya lo sé- con un metacarpiano de su mayordomo, el buen hombre se queda sin el huesecito y ni siquiera puede reclamar a la Justicia. Nuestra Constitución necesita taller, aunque solo sea para despojarla de sesgos del medievo  que  repugnan y tanto daño hacen a la propia institución monárquica. Para los republicanos, mientras más privilegios tenga la monarquía, mejor para su causa.





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sábado, 8 de septiembre de 2018



                           La calma del encinar
                    NO HAY PEOR CIEGO…

                                                    Tomás Martín Tamayo
                                                    tomasmartintamayo@gmail.com
                                                    Blog Cuentos del Día a Día

Cierre de filas con sordina es lo único que se ha oído en el PP tras la estrafalaria salida de Rajoy. Ni análisis ni críticas hacia la gestión de quien, más por demérito ajeno que por mérito propio, cogió una mayoría  súper absoluta tras el estropicio de Zapatero.  En apenas una legislatura, pese a seguir siendo el partido mayoritario, dejó un PP sumido en la corrupción, sin norte, sin respuesta, de eterno perfil y a la deriva. ¡Menudo fiasco! No hay peor ciego que el que no quiere ver.

A Rajoy no lo ha echado un complot judeo-masónico, integrado de separatistas, nacionalistas, rojos furibundos y filo etarras, sino una mayoría parlamentaria, absolutamente legítima, y porque era una vergüenza para el parlamento y para España mantener a un presidente del Gobierno imputado, después de haber intentado minimizar y en algunos casos bendecir las corruptelas de su partido. Rajoy llegó tarde a todo y estuvo lento, cobarde y pusilánime incluso para atajar a tiempo el conflicto surgido en Cataluña, porque su máxima es no hacer nada, no dar respuesta y esperar sentado a que los problemas los resuelvan otros o se diluyan por oxidación y agotamiento.

Pedro Sánchez, que parece el adalid de la contradicción y está demostrando tener tragaderas de boa constrictor, capaz de engullir un cocodrilo sin  pestañear,  tiene desparpajo y desvergüenza para decir una cosa y defender la contraria en el mismo discurso pero, por mucho que lo repitan en el PP y C´s, no ha llegado a la presidencia del Gobierno entrando por la puerta trasera, de tapadillo, con escalo, nocturnidad y casi dando un golpe de mano. Es presidente del Gobierno, como todos los anteriores, porque una mayoría de los diputados así lo han querido. ¿No saben en el PP que el electorado elige a los diputados y que son estos los que eligen al presidente del Gobierno?
 
En vez de andar enredando con cacas diarreicas, deberían en el PP poner el cuenta kilómetros a cero y hacer una buena venta de la etapa que se abre con un Pablo Casado, que presenta otra estructura política y mental y puede poner freno al ascenso de Ciudadanos. Creo que en el congreso que lo eligió no perdió Soraya, sino Albert Rivera, que se estaba nutriendo del desgaste imparable de Rajoy y solo por poner su cántaro debajo del grifo. Rajoy era una bendición para C´s.

Además ¿no se han preguntado en el PP por qué están Pedro Sánchez y el PSOE en el poder, sin haberlo conseguido en las urnas? Rajoy pudo dimitir, apartarse y dejar anclada en el PP la presidencia del Gobierno, evitando el estropicio posterior y los diez mil ceses que llegaron por su tozudez, su egoísmo o su inopia. Contaban con un apoyo mayoritario y el propio Pedro Sánchez se lo dijo durante el debate de la moción de censura: “Dimita usted y todo esto acaba ahora mismo”. ¿Por qué no dimitió, permitiendo que, por ejemplo, su vicepresidenta cogiera el timón? Eso significaba decidir y ese es un verbo que Rajoy no sabe conjugar.

La gran inteligencia política de Rojoy sirvió en bandeja de plata la presidencia del Gobierno a Pedro Sánchez, regaló diez mil cargos al PSOE, sumió al PP en un caos congresual guerra civilista y con un “a mi plin” se fue a Santa Pola, como si el tema no le concerniera. Y en el PP, tan acostumbrados a aplaudir paridas, encima, van y lo aplauden.
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sábado, 1 de septiembre de 2018

                       La calma del encinar
                       SONRÍA (LO NECESARIO), POR FAVOR

                                                   Tomás Martín Tamayo
                                                   Blog Cuentos del Día a Día
                                                   tomasmartintamayo@gmail.com


Dicen que “la sonrisa es una línea curva que lo endereza todo”, pero deberían añadir “sin pasarse”, porque una sonrisa permanente es peor que oír el mismo chiste cien veces. Hizo fortuna aquella frase de “sonría por favor”, que me parece tan acertada como la de “Hacienda somos todos”. Dos idioteces. La sonrisa está sobrevalorada y la experiencia me pone en guardia contra el que, por frivolidad, hipocresía  o ignorancia lleva la sonrisa cincelada. Y detesto, como las flores de plástico, las sonrisas comerciales que nos regalan cuando nos acercamos a un mostrador. La sonrisa refleja alegría, cordialidad, simpatía, felicidad, nada…, pero si es permanente se convierte en un rictus esperpéntico, próximo a lo que Juan Valera definía como “sonrisa de necio”.

 El último ejecutado por guillotina en Francia, Hamida Djandoubi -¡el 10 de septiembre de 1977!-,  mantuvo la sonrisa incluso cuando sacaron su cabeza del cesto de mimbre tras ser decapitado. “¿De qué se ríe este botarate?”-dijo el juez al verlo. Y otro francés, George Blind, destacado dirigente de la resistencia francesa, hizo dudar con su carcajada al pelotón de ejecución que lo fusiló en 1944. Estremecen las fotos colgadas en Google.
  



¿Una forma de venganza?  “La mejor arma que uno puede portar frente a sus enemigos es una simple sonrisa”, proclamó Lionel Suggs. Si es así, reconozco que las sonrisas postreras del guillotinado y del fusilado fueron como un escupitajo al sistema, pero ¿de qué se ríen los que están siempre riendo?

Hace unos días, al salir de un establecimiento de Badajoz, saltó la alarma y me detuve esperando que algún responsable de la seguridad acudiera. Llegaron dos, pero pasaron de mí y corrieron a la calle, buscando al que había salido antes que yo. “Puede  marcharse -me dijo una amable dependienta-, la alarma no ha saltado por usted, sino por el tipo que cada dos o tres días viene para robar”. Minutos después los guardias de seguridad volvían con uno que parecía disfrutar del  momento, con una sonrisa de felicidad orgásmica. Me acordé del juez y  yo también me pregunté: ¿De qué se ríe este botarate? ¿De quién se vengaba y por qué aquella sonrisa pringosa, si lo acababan de detener por mangante y por idiota? Al pasar, incluso hizo una inclinación de cabeza a la dependienta a la que había robado un bolso de marca. Sin dejar de sonreír.

Todos conocemos sonrisas que son puñales que se abren camino en el costillar, portazos que suenan a sentencias de muerte, abismos en los que se precipita cualquier esperanza. Hay sonrisas que cortan como tijeras que entran abiertas y salen cerradas. O al revés. ¿Qué puso Leonardo da Vinci en la sonrisa, apenas esbozada, de la Gioconda? ¿Y Goya en sus “Viejos comiendo sopa”? ¿Sonríe el perro de las Meninas? ¿Ríen el caballo y el toro del Guernica? ¿Bernini dejó sonrisa o pánico en “El rapto de Proserpina? ¿De qué se reía el elefante que el rey abatió en Botsuana? Venganza.

 Berlanga vio otra perspectiva con “La sonrisa vertical” y Asimov nos llevó hasta la  “Sonrisa del Cyborg”, porque hay más clases de sonrisas que de lágrimas. Pero puede que las más dañinas sean la eterna sonrisa del necio y la del hipócrita.  Todavía me pregunto dónde acaba la sonrisa beatífica de Bono, qué ocultaba Rajoy en sus “guis, guis” parpadeantes y de qué se reía Zapatero. Tres interrogantes. Las tres sonrisas me llenaban de inquietud.

sábado, 30 de junio de 2018



             La calma del encinar
             ABRAZO DE PESCADERA

                               Tomás Martín Tamayo
                                          tomasmartintamayo@gmail.com
                                          Blog Cuentos del Día a Día 


Entré en el mercado de Jerez de la Frontera minutos después de su apertura y tuve una sensación parecida a la de las “celebritis” cuando  les abren unos grandes almacenes para ellas solas. En la nave de pescado una señora y yo éramos los únicos y codiciados clientes, con todos pendientes de nosotros, señalándonos las exquisiteces sobre los mostradores recién colocados. Me resultó algo incómodo porque  era yo el observado, pero como mi misión era comprar una buena ventresca de atún de almadraba y langostinos de Sanlúcar, me sobrepuse y fui recorriendo visualmente los mostradores. Al final me acerqué a un puesto que atendía una pescadera de “sonrisa abierta y ternura en las manos”, pelo en moño, pulseras de oro, rabillos corniveletos en los ojos y labios carmesí: “¿Qué quieres, mi arma?”

Me atendió con diligencia y profesionalidad, cortando la ventresca con precisión de cirujano y eligiendo los langostinos uno a uno. Los dos capiruchos de papel de estraza los metió en una bolsa de plástico y al mismo tiempo que me la alargaba, cantó el precio en voz alta. Pagué y cuando me marchaba me llamó la atención: “¡Espera, mi arma, espera, que has sido el primero del día y tú no te vas sin dos besos!”. Salió del cubil, me abrazó fuerte y me regaló dos besos, “muás, muás” en las mejillas. No me sentí acosado,  abusado, agredido, toqueteado… pero la situación, por inesperada, me produjo algo de desconcierto. ¿Se atreverán los pescaderos del mercado a abrazar y besar así a su primera clienta?

Al salir, como hago siempre, me senté en la puerta del mercado para tomarme un café con churros (los churros, previa cola, hay que comprarlos aparte) y se lo pregunté al camarero: “¡No, solo abrazan y besan a los clientes las pescaeras, antes también lo hacían ellos pero ahora no se atreven!”. Son daños colaterales de la estulticia y la exageración en la que estamos cayendo, porque es indiscutible que en la pescadera no había otra intención que la de seguir la misma ceremonia que vio en su madre o su abuela. Pero la mujer no está bajo sospecha y puede incluso descender públicamente a lo escabroso, entre risas y aplausos de la audiencia. Hace días una de las componentes de “Azúcar Moreno”, la más ordinaria, decía en el canal oportuno para estas cosas que a ella le gustan “grandes, grandes, grandes”, acompañándose con un elocuente gesto de manos, ensoñación imposible si no añoraba a un caballo… ¿Imaginan a un hombre haciendo algo así?

Filosofa ella, una actriz jovencita, que sufrió abusos en plena calle,   afirmaba que los complejos de algunas obesas proceden directamente de la supremacía del hombre… (¿?) ¿Y los de los obesos? Todos los días, a todas las horas, en todos los medios ¿no  nos están adoctrinando con tanta “manada”? ¿Cuántas manadas hay? ¿Es necesario ver a esos individuos entrar y salir de sus casas, llamando desde el móvil, entrevistar a sus vecinos o viendo en directo quienes entran en sus casas? Con tanta estupidez, acabaremos convencidos de que la ley que importa es la de la calle, dictada por feminazis y, lo que es peor, que en cada hombre habita un violador en esencia, un sanguinario infanticida, sin otra inquietud que sorprender en la oscuridad a jovencitas indefensas.

Es lo que hay, ya escampará. Si el tiempo no lo impide y con permiso de la autoridad competente, volveré en septiembre. La distancia sosiega.


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sábado, 23 de junio de 2018

OCURRENCIAS Y GESTOS


La calma del encinar
             OCURRENCIAS Y GESTOS

                                    Tomás Martín Tamayo
                                          tomasmartintamayo@gmail.com
                                          Blog Cuentos del Día a Día 

Creo que Pedro Sánchez merece los cien días de cortesía, aun conociendo sus dificultades por el escaso margen de maniobra que  tiene y por el encaje de bolillos para no encabritar al gallinero que lo votó. Si metemos en la misma jaula alondras, canarios, jilgueros, tórtolas, perdices…, no esperemos un coro armónico, ni bajo la batuta de Leonard Bernstein.  A tiempo, “Pitos son, ellos sonarán”.

 No vamos a tener dos años de pragmatismo, porque lo que pueden vender es lo que están vendiendo: Ocurrencias y gestos. ¿La moción de censura fue la primera? Desde la tribuna,  Pedro Sánchez le dijo a Rajoy que si dimitía quedaba suspendida, pero el gran lento  necesitaba rumiar seis meses, la situación lo superó y prefirió encogerse de hombros, refugiarse en un restaurante, abandonar a los suyos y mandar a la nívea Cospedal a hacer la panoli, una vez más. Otra ocurrencia fue hacer un gobierno meramente gestual, con muchos independientes y caras que producen poco rechazo, intentando dar y tomar, palo y zanahoria, para no suscitar vítores ni llantos. Un Gobierno que con sus valores individuales, e individualas, es otra pajarera de cantos extraños.

 Gestos, ocurrencias, brindis al sol y reparto de migajas es lo que nos espera hasta las próximas elecciones, que serán cuando a él le convenga, porque ese fue el gran regalo que Rajoy hurtó al PP  y regaló a Pedro Sánchez. Si en su día Pablo Iglesias prefirió a Rajoy antes que a Sánchez, ahora Rajoy ha preferido a Sánchez antes que a Soraya.

¿Sacar a Franco del Valle de los caídos? ¿Acogida a los inmigrantes del Aquarius? ¿Sanidad universal? ¿Acercamiento de presos etarras y separatistas? ¿Dialogar con “Quintorra”? ¿Regulación de la eutanasia? ¿Suprimir el peaje de autopistas? ¿Anular el copago farmacéutico? ¿Reducir el IVA a compresas y tampones?... Todo eso tiene un coste que pagaremos en estos dos años, en los que, alegría, no habrá recortes ni restricciones, porque la ruta marcada recorre la senda de las ocurrencias, que tienen un alto precio.

También pagaremos al décimo octavo pasajero y ministro de Cornetas y Tambores, el mismo que ya tuvimos aquí como octavo pasajero y  consejero de Ocurrencias, que ahora tira de manual para llevar a la Moncloa las chorradas que practicó, con evidente éxito, en Extremadura. Siempre se ha dicho que “las primeras elecciones se ganan y las segundas te las regalan”, pero la eficacia del trompetero hizo a Monago caer a la primera, siendo además el único del PP que perdió la Junta y las elecciones al mismo tiempo. Fue tal la cohetería barata desplegada que hubiera perdido incluso a los seis meses.

Dice un directivo del PP que Pedro Sánchez es la venganza de Rajoy, pero ¿la venganza contra el PP o contra el electorado? Desde luego no es la venganza contra el PSOE, que en menos de un mes se ha situado en la cabecera con un 27% de los votos, desplazando al PP, frenando a C´s y hundiendo a Podemos. Pedro Sánchez, al que -¡ay Dios!-, ya hemos visto correr por los jardines de palacio y acariciando a un perro, ganaría hoy las elecciones sin haberse despeinado.

Ahora llega la reforma de la financiación autonómica a la carta, pero los extremeños estamos salvados porque Vara ya ha escrito a todas las ministras y ministros. En “Se te tiene que ocurrir”, dice Ruiz Taboada: “Al futuro he renunciado a ir por si no estuviera”.


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sábado, 16 de junio de 2018

TENEMOS GOBIERNO


                    

             La calma del encinar
             TENEMOS GOBIERNO
              
                                    Tomás Martín Tamayo
                                          tomasmartintamayo@gmail.com
                                          Blog Cuentos del Día a Día 


El sábado 28 de enero de 2012, con motivo de la presentación del primer gobierno de Mariano Rajoy, escribí en este espacio una columna con el mismo título: “Tenemos Gobierno”. Había transcurrido algo más de un mes y los nuevos ministros desplegaban con entusiasmo un abanico de medidas y reformas encaminadas a poner remedio a los desastres del noqueado Zapatero. Me pasé de entusiasmo, no imaginaba que el gran paciente, que hasta entonces había sido Rajoy, era en realidad el “gran indolente” y que al híper guay de ZP lo sustituía un “tancrediano”, convencido de que lo mejor que podía hacer era no hacer nada, porque los problemas que tienen solución se resuelven solos y los otros mejor no tocarlos ni con un palo.

No he modificado el pobre concepto sobre Zapatero, ahora  correveidile de Maduro en Venezuela, pero si tuviera que elegir entre uno y otro, posiblemente imitaría a Rajoy y me quedaría cruzado de brazos y mirando al tendido, porque sería como elegir entre un catarro y un constipado. ¡Qué quince años llevamos! Lo bueno es haber comprobado que España es capaz de flotar y seguir en superficie, soportando el torpedeo de sus propios cañones. Zapatero con su acción dio alas a los separatistas catalanes y Rajoy, con su inacción, también. Si con ZP éramos el cachondeo de toda Europa, con Rajoy hemos dado otra vuelta al torniquete y además de cachondos, corruptos.

Zapatero se fue con la misma inopia con la que había llegado, sin enterarse de nada, Bambi hasta el final, y Rajoy, menos tonto de lo que parece y menos listo de lo que él se cree, todavía anda contándose los dedos de las manos, sin encontrar cometido a sus favoritos, que son los anulares… Y ahora, en un salto de la rana que ni el Cordobés, llega Pedro Sánchez con un Gobierno de fina estampa y con dificultades para poner un puesto, pero no caigamos en la desesperanza… ¿De qué sirvió la mayoría súper absoluta de Rajoy? Miremos al cielo y confiemos que la minoría súper absoluta de Sánchez sirva para algo más. Tiempo habrá para analizar en profundidad las decisiones de Sánchez, pero de entrada han conseguido que se visualice algo  importante: tenemos Gobierno. Si a Rajoy le salta lo de Máxim Huerta hubiera dicho: “Es asunto pasado, ha dado explicaciones, ya si eso…” Unos parpadeos, uisss, uissss, cara de bobo y fin de la cita.
 
Con su golpe de audacia, frente a un Rajoy que no supo ni dimitir, ha dado un vuelco a los sondeos y el PSOE ha pasado de tercero a primero, sin haberse despeinado. Pablo Iglesias anda con un ataque de cuernos, rumiando el abandono y Rivera con su C´s pasa de primero a tercero, bajando y viendo como el agua se le escapa entre los dedos. ¿Y el PP? Creo que como partido, purgará su cobardía y sometimiento, su entreguismo y cierre de filas en torno a corrupciones y corruptos, con el aplauso ridículo que ha prestado en los años marianos a todas las irregularidades de las que se ha hecho cómplice.

Tenemos Gobierno y aunque apuntan bastos, con recortes y achiques que dejarán aún más exhausta nuestra economía y el estado de bienestar, también tenemos la posibilidad de soñar que habrá mañana, que la tormenta del lento ha pasado y volveremos a ser un país normal, gobernado por gente normal. Es tanto que parece poco.



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sábado, 9 de junio de 2018

OPORTUNIDADES PERDIDAS




                          La calma del encinar
                          OPORTUNIDADES PERDIDAS

                                     Tomás Martín Tamayo
                                        tomasmartintamayo@gmail.com
                                        Blog Cuentos del Día a Día

Recomiendan los expertos en seguridad cambiar el número de móvil cada cuatro años “para refrescar la agenda”, el PIN todos los años, seis meses para sustituir las contraseñas en las redes sociales -que no deben ser coincidentes-, tres para las claves de las tarjetas de crédito, dos para las de las cuentas corrientes, candados y accesos numéricos,  un mes para las claves de  ordenadores y tablets… O sea que lo que recomiendan es prácticamente un imposible porque cómo llevar en la memoria tantos números y saber a qué dispositivo pertenecen en cada momento. Y para redondear la medida aún la ponen más complicada, porque desaconsejan llevar las contraseñas registradas en ningún dispositivo o anotadas  en un papel guardado en la cartera. En caso de atraco, dicen, eso facilita la labor de los cacos y el chantaje posterior, por lo que puedan husmear en fotos, comunicaciones, conversaciones es casi una consecuencia lógica. Y como sabemos que nada se borra…

Al hilo de las precauciones que tomamos o debemos tomar, me he acordado de un recluso, alumno mío, experto en el robo de coches y aparatos de sonido, que nos dio una lección magistral  para evitar el robo de los antiguos radiocasetes: “Los más fáciles de robar son los extraíbles, porque  suponen tal engorro llevarlos encima que todos los sacan y los guardan debajo del asiento del conductor. Eso no falla casi nunca. Si en un coche falta el radiocasete solo hay que abrirlo y cogerlo, ahorrando  el tiempo que se pierde desanclando los fijos”. Después se volvió hacia mí: “¿Ud. tiene en su coche uno extraíble?” Le dije que sí y su sonrisa fue de triunfo total: “¿A que lo esconde debajo del asiento del conductor?” Llegó a la carcajada cuando le respondí afirmativamente. “Es Ud. un panoli, don Tomás, los mejores son los fijos o dejar colocados los extraíbles, porque si nos asomamos y vemos el hueco ya sabemos dónde está el aparato”.

Yo debo figurar en algún listado de panolis, -pringaos en el argot carcelario- porque también he recibido la oferta de una cuantiosa herencia de cien millones de dólares, que me hace cada tres o cuatro meses una anciana de Illinois, pobrecilla: “Sé que está próxima mi muerte y quiero dejar mi fortuna en manos de alguien que como vos haga buen uso de ella…” ¡Qué gran oportunidad, porque solo tengo que enviar tres mil euros para las tramitaciones, abogados y notarios…! La cosa está tan clara que incluso me pide el número de una tarjeta o cuenta bancaria para ingresarme el dinero… ¡Y yo con estos pelos!
 
 Pero lo mejor, por cercano, es que hace unos días recibí un SMS (¡El número de móvil hay que cambiarlo cada cuatro años!) en el que con motivo de la inauguración del Club Lat…, (intuyo lucecitas en la puerta) en un pueblo del norte de Cáceres, me ofrecen “Un fin de semana de alojamiento gratificante y cincuenta euros para consumir en nuestras instalaciones”. Llamé: “Mire, soy el agraciado a pasar un fin de semana en uno de sus “alojamientos gratificantes” y queremos ir, pero me dice mi esposa que si nos pueden poner camas supletorias para los niños y si disponen de tronas para el comedor…”  ¡Cachis! Resultó que no, que no podían y las explicaciones fueron tan inteligentes como esconder el radio-casete extraíble debajo del asiento. Lo mismo me animo y escribo a mi anciana benefactora de Illinois, que además me trata de “vos”.


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