miércoles, 23 de mayo de 2012

EL RELOJ-ESPÍA


Al rebufo de la caza del funcionario en general, interinos, Sanidad y Enseñanza en particular, están promocionando un artilugio que puede controlar hasta los suspiros. Yo tengo uno. Es un reloj-espía, con  esfera luminosa que permite ver la hora en la oscuridad. Aparentemente se trata de un reloj inofensivo, pero en sus tripas esconde una hambrienta cámara de video que permite grabar durante horas todo lo que  se mueva en un radio de veinte metros. Es un invento estupendo, aunque me está complicando la vida porque como no tengo a quién espiar, lo he puesto delante de mi sillón y me espío yo solo. Tiene el inconveniente, eso sí, de que para comprobar el potencial de la esfera luminosa hay que apagar la luz, y como me da pena de que a algo tan útil, como es ver la hora en la oscuridad, no se le saque rendimiento, no dejo de apagar y encender la lámpara para ver cómo se ilumina la esfera. No es perfecto, viene con un problema de diseño y es que la cámara de video se pone en marcha por el movimiento que la rodea, pero necesita luz para grabar, lo que me obliga a elegir entre espiarme o ver la hora en la oscuridad. Dilema mayúsculo porque, como se sabe, las dos cosas son muy necesarias.

 Bueno, pues creo que al Gobierno de la Junta, o a la Junta del Gobierno, han llegado ocho relojes-espías, como el mío, y uno de juguete para Juan Parejo, que anda mirando la hora todo el tiempo: “¡Es la hora, es la hora, es la hora!”. ¿La hora de qué, Juan? “¡No lo sé, pero es la hora, es la hora!”. Monago tiene problemas con su reloj-espía, porque  no sabe si quedarse a oscuras para ver la esfera luminiscente de su ombligo o encender la luz para que el video pueda grabarlo mientras se viste de lagarterana, que es la última ocurrencia que está amasando la factoría. Al del consejero de Hacienda se le han caído los números y no sabe si sobran horas o hacen falta minutos.  Y el de Agricultura -¡ay Dios mío!-, se ha perdido en el campo porque creía que era una brújula. En Sanidad, como no tienen presupuesto, quieren sustituirlos por los  fonendos, para vigilar a los malos, es decir, a los médicos. El de Educación está parado, como su secretario general, y el reloj de cultura, muy anticuado, hace tic-tac, cubriendo el Teatro Romano de Mérida con el dedito encima de la ceja. El de la señora je, je, je,  lo están tuneando, a juego su camisita y su canesú. El de Fomento está parado.

 Vara ha pedido uno, pero Monago le ha dicho que mire el de la iglesia. Para el socio de IU tampoco hay reloj, pero le han regalado una cámara fotográfica de pega que al apretar el botón suelta un chorro de tinta que va directamente a los ojos. Escobar anda con la cara amoratada todo el tiempo, pero sigue, clic, clic, con la ilusión de pelotear a Monago para que le cambie la tinta azul por la roja. Criaturas.

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