jueves, 18 de marzo de 2010

ASCO


Andaban chapoteando en la ciénaga, ocultos en el oleaje que hacía Garzón con sus eructos judiciales, pero el peligro los ha empujado hacia la superficie y, uno a uno, prietas las filas, están saliendo a flote para cantarle al juez estrellado. “Ansiedad, de tenerte en mis brazos, musitando palabras de amor…” Todo vale para que Garzón no deje volar al faisán. La historia se repite porque, una vez más, Garzón tiene las pelotillas del Gobierno en la mano y con un giro de muñeca los pone morados hasta la asfixia. Nada nuevo, estamos asistiendo a la reposición del Gal con el subtítulo de El Faisán. Es lo mismo, con el mismo reparto, con la misma colaboración estelar de Rubalcaba, la misma dirección, el mismo guión, la misma estrategia y la misma pestilencia.

Cuando el Gal comenzó su andadura pública, cayó también en manos de Garzón, que puso a sus pesquisas un alto precio, porque el pestazo apuntaba a las alturas y señalaba una manifiesta conspiración para el crimen organizado desde las orillas del Estado. Visto y no visto porque, en horas veinticuatro, el juez dejó en dique seco las indagaciones y se alió con el señor X, con el señor R, con el señor B…, pasándose con todo su bagaje a las filas de los compositores de aquella sinfonía macabra, llena de secuestros y escrita con cal viva. De entrada le pusieron una escalera y lo situaron en el primer peldaño: Número dos en la lista del Congreso y Delegado del Plan Nacional sobre Drogas, pero los peldaños siguientes tardaban más de lo que el gran impaciente podía soportar y, nueve meses después, mayo de 1994, Garzón volvía a su puesto de la Audiencia Nacional con las uñas y los dientes afilados. El resultado ya se sabe, un ministro y un secretario de Estado en la cárcel, una X amenazante en la portada de un expediente y una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra Garzón, por no haberse inhibido en la indagación contra Rafael Vera.

¿Y ahora? Ahora, con el caso Faisán, Garzón vuelve a tener las pelotillas del gobierno en sus manos, porque si lo inhabilitan por las tres causas que tiene abiertas, por prevaricación, el expediente pasará a otro juez y El Faisán volará alto. Así es que, uno a uno, empezando por el propio Zapatero, su fiscal general y el sindicato de la ceja, están saliendo en tropel para alfombrar el paso de un juez en el que no cree nadie, que desprestigia la Justicia con su divismo estrafalario y ralentiza o agiliza los casos según sus propios intereses. Si Garzón es apartado será un alivio para los que seguimos creyendo en la Justicia y podremos ver la cara a los que desde el Gobierno han ejercido de chivatos de ETA, haciéndose cómplices de sus asesinatos. En la corta historia de nuestra democracia nunca habíamos caído tan bajo, por lo que se hace imprescindible airear el lodazal, sentando a los chivatos de la banda terrorista en el banquillo de los acusados. Pero para que El Faisán vuele, hay sacarlo de las manos de ése juez. ¿A qué esperan? Asco.

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